LOS QUARKS Y EL CUBO MÁGICO

Si eres uno de los millones de personas que invirtió muchas horas intentando resolver el cubo de Rubik y no lo logró, seguramente no tienes ganas de oír hablar más del dichoso juguete. Sin embargo, parecería que éste es un modelo más o menos preciso del ordenamiento de los quarks, esas partículas minimísimas que constituyen el bloque más pequeño del edificio de la materia.

Por ejemplo, en teoría se considera que los quarks tienen carga eléctrica fraccionaria, cuyo valor es múltiplo de un tercio de la carga del electrón. Sin embargo, en la realidad es imposible encontrarlos aislados, y sólo aparecen en grupos cuyas cargas suman un número entero. Samuel Golomb, creador de los poliominos y profesor de matemáticas de la Universidad del Sur de California, sostiene que un quark puede ser asimilado a un pequeño cubito del cubo de Rubik que ha sido rotado en sentido antihorario con relación al resto. Si se comienza con cada una de las seis caras de un único color, es imposible manipular al cubo de forma tal que el resultado sea que sólo uno de los cubitos situados en un vértice quede rotado. De la misma manera, la naturaleza jamás produce un quark aislado. Por otra parte, es fácil que dos cubitos situados en los vértices queden rotados, así como es fácil encontrar un par quark-antiquark, que forman la partícula conocida como mesón.

En un artículo publicado en Scientific American, Golomb transcribe una larga lista de coincidencias: éstas implicarían los seis sabores de los quarks, las combinaciones que dan origen a protones, neutrones, y aún a ciertas otras partículas más exóticas. Pero, también reconoce que ni el cubo ni los quarks son modelos perfectos uno del otro. En realidad, como tantos otros entretenimientos combinatorios, ambos están regidos por transformaciones matemáticas conocidas como ‘grupos de simetría’ (los grupos de simetría no son otra cosa que las operaciones que pueden efectuarse a una figura: rotación, traslación, reflexión y combinaciones de éstas). El hecho de que existan tantas similitudes es un deleite para los matemáticos, y sugiere una cierta relación entre los grupos de simetría de uno y otro.

Einstein, como sabemos, dijo que Dios no jugaba a los dados con el Universo; ¿podría ser que jugase al cubo mágico?

TZI

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