FÁBULA DEL VIENTO SOLAR

Érase una vez, hace veinte mil años, una avanzada civilización que se interesaba apasionadamente por el Sol. Cuando hubo desaparecido, los hombres, guardando de aquélla un vago recuerdo, prestaron adoración al Sol y le ofrecieron numerosos sacrificios; pero, el contenido racional del interés de sus antepasados por el astro, se había extinguido con éstos.

Una mirada echada sobre nosotros mismos puede darnos una idea de los titánicos trabajos emprendidos por aquéllos. A excepción de cantidades relativamente pequeñas de energía producida a base del átomo, extraemos toda nuestra energía del Sol, ya sea en forma fósil (carbón, petróleo), ya en forma inmediata (energía hidroeléctrica, producto de la evaporación; energía eólica y energía solar térmica y fotovoltaica). Fabricamos también pilas solares, que transforman los rayos en corriente. Y podríamos concebir una captación más extensa. Por ejemplo, tratar de utilizar la energía termonuclear por fusión de núcleos ligeros y de núcleos pesados, cosa que equivaldría a reproducir el Sol sobre la Tierra. Podríamos, en fin, intentar la captación del viento solar. Éste es un torrente de partículas descubierto en 1960. Se trata de átomos de materia solar que vienen a chocar con nuestro Globo. Y se piensa que este viento es tal vez el que provoca las auroras boreales y determina la formación de la capa eléctrica de la atmósfera. Estableciendo un cortocircuito entre las capas electrizadas de la alta atmósfera y el suelo, conseguiríamos una fuente de energía prodigiosa e inagotable. ¿Cómo hacerlo? ¿Haciendo conductora la atmósfera? Esto es lo que ocurre con el rayo. Un rayo láser lo bastante intenso podría producir el fenómeno.

Hace veinte mil años, una civilización técnica y científica concibió el proyecto de domesticar el viento solar. Se construyeron, en diferentes lugares de la Tierra, monumentales aisladores en forma de pirámides. En su cima había algo parecido a un súper láser. Mucho tiempo después, estos instrumentos seguirían hurgando en la memoria confusa de las generaciones supervivientes. Los hombres construirían pirámides, sin comprender, y colocarían a veces, en la cima, piedras reverberantes, engastadas en metal.

Se intentó el experimento. Pero, el poder arrancado al Sol aniquila la ambiciosa civilización, fulminó un mundo que vio “enrollarse el cielo sobre sí mismo, como un pergamino, y teñirse la Luna como de sangre”.

Los grandes aisladores se volatilizaron. En vez de ellos, se encontraría mucho más tarde, en el siglo XX de nuestra Era, en diferentes lugares de África, de Australia, de Egipto, proyecciones constituidas por vidrio sometido a una enorme temperatura y bombardeado por partículas de alta energía: las tectitas.

¿Hubo supervivientes entre los detentadores del saber? Tal vez algunos de ellos habían buscado refugio en profundas cavernas. O, quizás, otros se hallaban entonces de viaje por el espacio. La situación, después de la gran catástrofe, no fue sólo desastrosa geológicamente (continentes hundidos o sumergidos), sino también biológicamente. El bombardeo de la atmósfera había creado una considerable cantidad de carbono radiactivo. Al ser absorbido por los animales y por los hombres, debió de producir mutaciones y provocar la aparición de híbridos fantásticos. Estos híbridos (centauros, sátiros, hombres-pájaros) sobrevivieron largo tiempo en el recuerdo humano, hasta los tiempos históricos de Gracia y de Egipto.

Los supervivientes expertos se enfrentaron con un problema técnico urgente: eliminar el carbono 14. Esto les condujo a organizar un gigantesco lavado de la atmósfera, mediante lluvias artificiales, mientras se esforzaban en conservar un número suficiente de seres humanos y de especies animales que no habían sufrido mutación. Entre los métodos protectores figuró, sobre todo, la circuncisión. Como la hemofilia, producto de una mutación perjudicial, es transmitida por el varón, la circuncisión tenía un valor selectivo. Y esta práctica, instituida como medida sanitaria genética, siguió efectuándose durante milenios, sin conocimiento de causa, por numerosos pueblos esparcidos por el mundo…

Si situamos la gran catástrofe en una fecha que se remonta a veinte mil años atrás, pueden explicarse ciertas anomalías que se producen cuando se intenta establecer la antigüedad de algo por el carbono 14. Cuando se descubrió el método del carbono 14, hubo motivo para creer que la arqueología se convertiría en una ciencia exacta. Su perfeccionamiento permitió establecer fechas de antigüedad hasta cincuenta mil años atrás. Lo curioso es que no podemos situar ningún objeto entre los veinte mil y los veinticinco mil años, mientras que podemos hacerlo antes y después. Hasta ahora, no se ha encontrado ninguna explicación razonable a esta anomalía. Por lo tanto, puede suponerse que, en aquel periodo, se produjo algún suceso que modificó la concentración del carbono 14 en la atmósfera.

Esta fábula sugiere un posible contenido real de las innumerables leyendas referentes a seres mitad hombre, mitad animal. Objeción: no se encuentran osamentas de esta clase. Respuesta a la objeción: sí que se encuentran; pero el arqueólogo se imagina haber descubierto, en tumbas consagradas a alguna religión totémica, un hombre enterrado con un animal.

Los campos de tectitas podrían ayudar a identificar los lugares en que se inició la catástrofe. El examen de la composición nuclear de las tectitas demuestra que éstas no viajaron largo tiempo por el espacio. Hay que presumir, pues, que se formaron en la Tierra o en la Luna. Su formación parece haber desarrollado una energía tan enorme que, evidentemente, uno puede negarse a admitir un origen tecnológico. Sin embargo, la catástrofe de este muy hipotético relato pudo, a un mismo tiempo, crear y proyectar las tectitas alrededor del punto en que se produjo la descarga que las habría originado. Se ha podido demostrar que las tectitas habían viajado por la atmósfera a una velocidad considerable. Esto parece demostrar, a su vez, que, o bien proceden de la Luna, o bien fueron creadas en la Tierra a consecuencia de algún acontecimiento catastrófico. Es igualmente posible que se encuentren huellas de esta catástrofe, consistentes en trayectorias formadas en cientos de minerales por el paso de partículas de alta energía.

TZI

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Fábulas y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a FÁBULA DEL VIENTO SOLAR

  1. nadiemejorquenadie dijo:

    Estamos volviendo a la ciencia de verdad, esto que has hecho aquí es una hipótesis, y tú y yo tenemos derecho a hacerlas, a publicarlas y a que todo el mundo las lea y las someta a examen, aunque no tengamos ningún doctorado, ni nos pague ningún laboratorio ni multinacional, Me gusta.

    • hasenroniz dijo:

      Gracias por tu comentario. Me agrada mucho que te guste. Efectivamente, que cada uno saque sus propias conclusiones. Todo se basa en hipótesis que después hay que intentar demostrar, y hay ya mucha información para ello; así que utilicémosla para intentar comprender mejor este mundo en el que nos ha tocado vivir.

  2. Manu dijo:

    Los mitos esconden verdades….

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s