EL KIT DE SAGAN

La idea central de este post que intentaré demostrar es que la Medicina “oficial” no cumple los criterios que los científicos del modelo clásico establecen para considerarla una “ciencia” y, por tanto, entraría dentro de la categoría de pseudociencia.

Para ello, partiremos de los criterios fundamentales que plantea Carl Sagan en lo que él denominaba “kit de herramientas para detectar falacias”, y que son:

  • Confirmar las teorías por equipos independientes.
  • Alentar el debate.
  • No utilizar argumentos de autoridad.
  • Barajar diferentes hipótesis.
  • Realizar experimentos de control y doble ciego.

Parecen criterios obvios y sencillos de llevar a la práctica, sin embargo, no puede decirse que se cumplan en la mayoría de las intervenciones, protocolos, actuaciones y concepciones de la Medicina “oficial”.

Pondremos varios ejemplos para ilustrar nuestras afirmaciones y poder demostrar la hipótesis de partida. La teoría básica en la que se apoya gran parte de esa medicina, es decir, la Teoría Microbiana de la Enfermedad, pisoteó el método científico para imponerse; hoy sabemos que Pasteur falseó sus experimentos y que Robert Koch alteró sus postulados cuando comprobó que ninguna supuesta enfermedad infecciosa los cumplía. Esto supone, por tanto, que todo lo que se apoya en esa falsa teoría queda invalidado y debe considerarse “no científico”.

Por otra parte, el hecho de que el grueso de la investigación, así como de la formación académica y de la infomación, tanto especializada como de divulgación, estén en manos de las multinacionales farmacéuticas, como nadie medianamente informado podrá negar, convierte en una pantomima la pretensión de imparcialidad. Todo el mundo sabe que quien paga manda, y que el objetivo de las multinacionales es ganar dinero, no resolver los problemas de la gente. En una entrevista concedida en 2007 a El Viejo Topo, Enrique Costas Lombardía (que fue Vicepresidente de la Comisión Abril de Análisis y Evaluación del Sistema Nacional de Salud), decía que las “donaciones” de la industria farmacéutica habían crecido un 900% entre 1980 y 2000. Y añadía que esas “donaciones nunca podrán compensar la desintegración moral y las ineficacias que pronto producen”. En efecto, según la Administración de Fármacos y Alimentos (FDA) de EE.UU., sólo el 13% de los nuevos fármacos lanzados al mercado mejoran a los ya existentes (otras organismos reducen ese porcentaje al 7%). Es decir, que más del 85% tienen una eficacia relativa casi nula y no tienen justificación excepto para ganar dinero.

Como muy bien señala Costas Lombardía, “la investigación farmacéutica no es, como la palabra ‘investigación’ podría sugerir a muchos, un elevado trabajo de indagación científica, sino el mecanismo de la industria para conseguir fármacos nuevos que, amparados por la patente y la marca comercial, llegan a constituir monopolios temporales que maximizan el lucro de la compañía”.

Que se sepa, no se ha aprobado ningún fármaco antiviral respetando la exigencia de los experimentos de control o doble ciego. Un ejemplo extremo y clarificador: tres de los fármacos más tóxicos comercializados como supuestos antirretrovirales (Zidovudina, Lamivudina y Nevirapina) son administrados a mujeres embarazadas y bebés recién nacidos, aduciendo que pueden prevenir la transmisión del VIH, un virus que nunca ha sido aislado. El prospecto de GlaxoSmithKline, que comercializa los dos primeros bajo la marca Convivir, dice literalmente: “No existen estudios adecuados y correctamente controlados sobre Convivir en mujeres embarazadas”. Y Boehringer Ingelheim, que comercializa el tercero con el nombre de Viramune, contiene una advertencia exactamente igual. Y ambos prospectos añaden: “Estudios realizados en animales han mostrado incrementos en la embriotoxicidad y malformaciones fetales”. Y quien crea que el ser humano no es un animal y no le va a afectar en similar medida, es un iluso.

Existen, asimismo, evidencias de que numerosos estudios han sido manipulados y alterados para obtener los resultados que se buscaban, a fin de dar vía libre a productos que posteriormente han causado (y continúan causando) enormes problemas de salud e, incluso, la muerte de quienes los toman.

Hay que tener en cuenta que el 70% de los estudios clínicos los pagan las propias multinacionales. Y son incontables los casos de fármacos aprobados tomando como base informes presentados por investigadores a sueldo de las farmacéuticas, sin que luego se lleven a cabo confirmaciones independientes. Esas supuestas comprobaciones a las que alude Carl Sagan han brillado demasiado a menudo por su ausencia. ¿Se ha producido, por ejemplo, confirmación independiente del aislamiento del VIH, del virus de la hepatitis B o del virus H1N1, presunto responsable de la gripe A? ¿Y cuándo se ha alentado el debate científico sobre las hipótesis “oficiales” del cáncer, el SIDA o las enfermedades crónicas y degenerativas?

Existen múltiples mecanismos para ejercer la censura contra las investigaciones críticas y los planteamientos que disienten de las hipótesis oficiales. El propio sistema conocido como Peer Review, utilizado supuestamente como control de calidad, rigor y fiabilidad, es considerado en multitud de análisis como un mero mecanismo de censura. No hay que olvidar que la revisión la realizan científicos anónimos situados en las elites de las diferentes especialidades, siendo los que deciden qué estudios se publican y cuáles no, a quiénes se les conceden fondos para investigar y a quiénes no, así como las contrataciones o ascensos en múltiples campos profesionales relacionados con la Ciencia.

Conclusión: las multinacionales farmacéuticas han convertido a la Medicina “oficial” en una pseudociencia, con el fin único de aumentar sus beneficios. ¿Y quién se puede atrever a remar contracorriente en un río plagado de cocodrilos sin escrúpulos? Todos los que lo han intentado hasta ahora han terminado devorados…

TZI

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Una respuesta a EL KIT DE SAGAN

  1. Manu dijo:

    NO hay más que ver los estudios de la sal marina y agua marina como equilibrador de los electrolitos y de la acidez de nuestro cuerpo como medida profilactica y hasta sanadora de muchas dolencias

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