MALAS INFLUENCIAS

Los intentos de influir en los poderes públicos son constantes en las democracias. Estas influencias se llevan a cabo por los ‘lobbies’, cuyos servicios, como negocio, son cada vez más demandados por las empresas españolas y de todo el mundo. Las compañías necesitan que alguien defienda sus intereses ante esos poderes públicos, anticipándose a los posibles cambios legislativos.

Una característica fundamental de los lobbistas es que deben saberlo todo sobre gestión pública y trámites parlamentarios, y además deben ser muy hábiles en comunicación. Como consultores externos, actualmente, pueden cobrar entre 100 y 200 euros la hora, y un lobby puede costar entre 6.000 y 10.000 euros mensuales, si bien depende mucho del caso, ya que hay proyectos que superan los 80.000 euros trimestrales.

La profesión lobbista está asociada a la idea de que es una herramienta de los ricos y poderosos para contrariar la voluntad popular, que en teoría se expresa a través de los políticos. Pero, según los que defienden esta práctica, su trabajo añade voces y puntos de vista diversos al debate político, enriqueciendo así el conocimiento de los que tienen que legislar y luchando contra la partitocracia.

Los lobbistas se autodenominan como asesores de Asuntos Públicos. Según ellos, su día a día consiste en muchas reuniones con empresarios y con la Administración para solucionar las lagunas informativas que éstas tienen sobre las empresas a las que representan.

Las mejores armas del lobbista son la transparencia y la palabra, ya que tienen que informar y convencer, después de haber logrado el interés del interlocutor.

Los lobbistas se basan en que no se puede pedir a un poder público que vaya en contra del interés general, pero sí que se puede influir en la percepción que tiene de éste. Su trabajo consiste, pues, en buscar la causa común y en encontrar la manera en que los intereses de sus empresas o clientes conmuevan a un político y se conviertan en compatibles con la defensa del bien común (o la obtención de votos).

Un ministro o un secretario de Estado reciben tres o cuatro peticiones por semana de lobbistas de alto nivel en busca de reuniones, así como numerosos intentos menos sofisticados en cualquier acto pública al que asisten.

Según una encuesta entre políticos españoles, la mayoría prefieren un mayor acercamiento de las empresas para estar mejor informados de sus prácticas, y sostienen mayoritariamente que la práctica del lobby es útil y necesaria.

Para las empresas, lo importante no es únicamente tener acceso a los que toman las decisiones, sino además, saber cómo, cuándo y quién lo hace. El organigrama de los partidos y las subcomisiones es público, pero no cualquiera tiene acceso al organigrama más informal que no aparece en la tarjeta del diputado: cómo llegó allí, quiénes son sus amigos dentro del Parlamento, quiénes son las personas que más influyen en él…

En Europa hay unos 15.000 lobbistas y su tarea es que la mitad de nuestras leyes (que son las que vienen de Bruselas) salgan de acuerdo a los intereses de las grandes empresas y, por tanto, no del inetrés general. En Estados Unidos se calcula que el número de lobbistas ha descendido en los últimos años a 14.000.

Estos grupos de influencia trabajan para cientos de asociaciones, consultoras privadas y departamentos corporativos de ‘asuntos regulatorios’, y su trabajo es asfixiante para las instituciones comunitarias: se entrevistan continuamente con comisarios, directores generales, eurodiputados…; envían a las instituciones multitud de informes de posición o estudios científicos y pseudocientíficos, propios o contratados, para que los eurócratas tengan siempre presentes los argumentos del sector afectado; participan como ‘expertos’ en infinidad de comités consultivos y audiencias públicas del Parlamento o de la Comisión; celebran todo tipo de seminarios a los que invitan a los eurócratas para explicarles las opiniones de la industria y escuchar, de paso, los argumentos y estrategias del empleado público; organizan encuentros informales, como cócteles, comidas de trabajo, charlas de café, cenas de lujo o visitas a instalaciones industriales, con todos los gastos pagados…

A finales de junio de 2010, 22 eurodiputados pertenecientes a los tres grandes grupos (conservadores, liberales y socialistas), hicieron público un manifiesto contra la agobiante presión a la que estaban sometidos por los lobbistas del sector financiero, y que, a su juicio, “representa un peligro para la democracia”. En ese manifiesto puede leerse que “como responsables europeos encargados de regular los mercados financieros y los bancos, podemos constatar cada día la presión ejercida por la industria financiera para influir en las leyes que regulan el sector”. Los 22 miembros del Parlamento Europeo resaltaban la “estrecha proximidad entre las elites políticas y financieras”, algo que “contribuye a una atención exclusiva a los argumentos de la industria financiera”. Y subrayaban la falta (y, por tanto, la necesidad) de un contra-lobby de la sociedad civil que equilibrase el enorme poder de los bancos.

Pues bien, para mí, y lo sigo diciendo cada vez más convencido, ese contra-lobby sería el boicot total a esas empresas que practican el lobby.

TZI

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7 respuestas a MALAS INFLUENCIAS

  1. melarrakis dijo:

    ¿Quien teme al lobby feroz? Yo no, siempre y cuando haya cazadores cerca con la escopeta bien cargada. Si la regulacion de los lobbies es buena no hay problema, cuantos mas mejor y hacen de contrapeso. Deben estar las cosas claras. Si no, habria un solo lobby oscuro y oculto que siempre se llevaria el agua a su molino.

    • hasenroniz dijo:

      Más regulación, que conlleva más mecanismos de cotrol, suspicaces a su vez de ser corrompidos… No creo que sea la mejor solución. Lo del contrapeso sí que teóricamente es mejor, pero por otra parte puede enmierdar más las cosas, y en vez de aclararlas como dices, enredarlas y complicarlas más. Es un tema de difícil solución, pero en nuestras manos está que al menos no nos deborde y nos sintamos desprotegidos por el sistema que decimos defender.

      • melarrakis dijo:

        La regulaciómn puede ser más sencilla de lo que parece: cárcel para el que pase determinados límites, y en un nivel inferior, cuantiosas multas. Así diferenciaremos lobbies de chantajistas y manipuladores.

      • hasenroniz dijo:

        Eso de la cárcel está muy bien, pero ¿y quién controla eso? Es decir, ¿está Rubalcaba en la cárcel por lo del Faisán, que rico que está? ¿Cómo puedes ser todavía tan iluso? ¿No te habrá contagiado Zetaparo con su mundo maravilloso de Heidi?

  2. Manu dijo:

    no lo está pero lo estará, se le está poniendo cara de Barrionuevo a marchas forzadas. Dentro de poco veremos a Zetaparo a la entrada de la cárcel de Guadalajara jaleando a su exmminsitro mientras va entrando en la cárcel. Los peones de Rub-al-kaaba se van cayendo y tambaleando otros. Pronto habrá desbandada , sálvese quien pueda, en el Faisán y en el 11-M, en ambos hay actores comunes a los dos casos

    • hasenroniz dijo:

      Qué iluso, todavía no has escarmentado de tanta corrupción y podredumbre sin castigo. A ver si vas a ir tú a la cárcel únicamente por insinuar lo que estás insinuando, aunque tengas toda la razón; ésas son nuestras leyes y nuestro sistema judicial…

  3. Pingback: DOS MUNDOS DIFERENTES | The Zarramonza Inquirer

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