ARRONIZ

ARONIZ – ARRONIÇ – HARRONIÇ – HARRONIZ

La villa de Arróniz perteneció al histórico valle de Santesteban o San Esteban de la Solana junto con los municipios actuales de Igúzquiza (Labeaga, Azqueta y Urbiola), Villamayor de Monjardín, Luquin y Barbarin, y actualemente es municipio independiente de la Merindad de Estella.

El núcleo urbano se sitúa en la zona más alta del término, que a su vez está en la zona meridional del mencionado valle, al suroeste de Montejurra, y que linda al norte con la facería de Aranbeltza, al este con el término municipal de Arellano, al sureste con el de Dicastillo, al sur con el de Sesma y al oeste con Luquin y Barbarin.

La extensión del municipio es de 54,8 kilómetros cuadrados y contiene varios despoblados, como los meridionales de Arrosia (habitado durante la Edad del Hierro) y Santa Cecilia, próximos al despoblado de Almuza, en Sesma.

El término es cruzado por los ríos Bueno, por la parte noreste, y Salado, por la mitad, de noroeste a sureste.

El clima es mediterráneo continental y la vegetación arbórea autóctona escasa, representada por encinas, quejigos y pinos. El espacio dedicado a la agricultura ha ido creciendo a lo largo de la historia a costa del bosque. La producción agrícola es predominantemente cerealista, siguiéndole en importancia el olivar y la viña.

Testimonio de la presencia del hombre durante la prehistoria son los hallazgos arqueológicos en Santa Cruz, Kazteluzar, Larra, Arrosia y otras zonas. De la ermita de San Martín procedía una estela funeraria con inscripción, pero hace tiempo ya desaparecida. Se halló en el campo una placa visigoda de cinturón, con la hebilla decorada con figuras incisas de dos caballos enfrentados.

El nombre de la villa consta desde el siglo XI sin apenas alteraciones, excepto las meramente gráficas (Harroniz, 1172; Roniz, 1254; Arroniç, Aroniz, 1264).

El noble Fortunio de Arróniz entregó en 1056 al monasterio de Irache y a su abad Veremundo, el monasterio de Santa María de Arróniz, que había heredado de su tío, quien a su vez lo recibió del rey Sancho Garcés, el de Peñalén y el obispo de Pamplona Juan, según se afirma en el documento. Parece que se trata de la iglesia rural de Nuestra Señora de las Viñas, cercana al río Salado.

Arróniz fue villa de señorío realengo. Sus labradores pagaban al rey una pecha anual, que en 1280 era de 1.000 sueldos, más 400 cahíces de pan meitadenco (mitad trigo y mitad cebada). Posteriormente, el rey las dio a Juan Vélaz de Medrano, y Fernán Sánchez de Medrano las vendió en 1342 al gobernador de Navarra, don Felipe Arzobispo de Sanz, por 48.500 sueldos, de los que los vecinos aportaron 8.000, con la condición de que permaneciera siempre como lugar de realengo, sin que pudiese ser enajenada por la corona.

En el año 1379, el rey Carlos II le perdonó a la villa la mitad de los tributos, debido a los saqueos, incendios y destrucciones que había sufrido en la guerra contra Castilla. En 1397, Carlos el Noble dio sus rentas a Carlos de Beaumont, y así quedó el señorío y pechas incorporados al condado de Lerín, que fue creado por este monarca para su hija natural Juana cuando casó en 1425 con Luis de Beaumont.

Tuvo Arróniz una ‘balsa’ monumental de planta circular para el abastecimiento de agua, situada en el centro de la población y con escaleras de acceso. Era un ejemplar único de este sistema en Navarra y se convirtió en la construcción más característica y representativa de la villa. Hace años se acordó cegarla por razones sanitarias y de seguridad.

La prosperidad de la villa se manifiesta en el templo parroquial de san Salvador, del siglo XIII, que fue reformado en 1539, ampliado con el crucero, la media naranja y la sacristía en 1727, y completado en 1804 con la construcción de la torre neoclásica.

En época moderna la industria rural estuvo representada por trujales para producir aceite, bodegas familiares, fábricas de aguardiente, una tejería, un hospital y arcas o pósitos de misericordia para prestar simiente a los labradores.

El trazado urbanístico de la villa forma una red irregular de calles estrechas con varios espacios abiertos. Domina el conjunto la gran mole de la parroquia de san Salvador. Dentro del casco urbano está enclavada la pequeña ermita de San Pedro (del siglo XVI), y en la parte alta de la localidad se encuentra la basílica de Nuestra Señora de Mendia (patrona de la villa). También existió, cerca del cementerio, en la carretera hacia Allo, la ermita de san Andrés, así como la ermita de Santa Cruz, cerca de la de Mendia, y otra dedicada a Santiago en el término conocido como ‘Androneka’. Aún existen la ermita de Nuestra Señora de las Viñas, sobre la margen izquierda del río Salado, y la de Santa Cecilia, en dirección a Los Arcos, con típica romería anual.

En cuanto a su población, era de 1.534 habitantes en 1860, de 1.773 en 1900, de 1.976 en 1950 y de 1.237 en 1992. Actualmente, es de unos 1.300 habitantes.

El escudo de la villa “trae de azur y una portada formada por dos columnas de oro y sobre ella un olivo en su color natural”.

TZI

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Una respuesta a ARRONIZ

  1. melarrakis dijo:

    es un buen post, muy bueno para conocer mejor nuestros pueblos. te copiaré la idea.

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