EL HOMBRE ADIMENSIONAL

Vivimos en una sociedad donde domina el materialismo, el afán de ‘poseer’ más cosas, y no el afán de ‘ser’ mejores personas. El consumismo imperante en esta sociedad viene justificado por el placer que proporcionan los objetos adquiridos, si bien este placer es solo momentáneo y pasajero y, en realidad, únicamente ocasiona un ansia de ‘querer tener más’ casi ilimitado.

Se trata de demostrar ante los demás nuestro poder y nuestro status social. En definitiva, quien más tiene, más éxito posee y es más envidiado por los demás.

En la sociedad consumista, destaca la hipocresía y el engaño, ya que aparentamos tener más de lo que tenemos realmente, para así no “parecer ser menos” que el vecino; por tanto, nuestras relaciones sociales pierden toda sinceridad al esconder nuestro modo de ser auténtico y manipular a los demás a nuestro antojo.

El mero consumismo en el que estamos sumergidos provoca la pérdida de puntos de referencia morales y de valores sociales como la solidaridad, la justicia social o la amistad sincera. Según J. M. Mardones, “la sociedad consumista crea personas atrincheradas en su mundo de deseos y necesidades. No levantan la vista más allá del círculo de sus intereses. Y cuando caminan por la vida, solo advierten las personas y situaciones capaces de saciar su fiebre poseedora o de ostentación”.

Este consumismo ha sido y sigue siendo alimentado por el desarrollo científico y técnico, que, por un lado, satisface ciertamente bastantes inquietudes y necesidades humanas, pero que asimismo crea algunas situaciones de incertidumbre y de miedo, tanto por el avance vertiginoso de la tecnociencia, como por las consecuencias derivadas de tal desarrollo. Por ejemplo, ante la amenaza  de una guerra nuclear, cabe dudar de si el progreso se identifica necesariamente con la ciencia.

De aquí se puede deducir la importancia de los métodos que permitan la identificación y el análisis de los efectos de las tecnologías, su valoración y la implementación de políticas que permitan la reducción o eliminación de dichos efectos.

Erich Fromm y la llamada ‘Escuela de Frankfurt’ pueden considerarse como los máximos representantes de la crítica humanista de la actual sociedad industrial capitalista que lleva decenios reinando sobre la faz de la Tierra. Fromm hace especial hincapié en la enajenación o alienación que sufre el individuo, postulando que éste ya no es el creador de sus propios actos, sino que sus actos, y las consecuencias de ellos, se han convertido en amos suyos; sus actos lo dominan y esclavizan.

Fromm diagnostica a las sociedades democráticas actuales como psíquicamente enfermas, donde son típicas la enajenación y el no ejercicio de la libertad individual, aunque creamos lo contrario, de ahí que no queramos curarnos. La sociedad capitalista está basada en el consumo y su poder de seducción sobre los individuos. El acto del consumo ya no depende de nuestra propia capacidad de elección o de nuestras necesidades, sino que intenta satisfacer las fantasías que nos están creando desde fuera de nosotros mismos.

Es claro el contraste entre una sociedad más desarrollada materialmente y menos desarrollada humanamente. C. París dice que “podríamos pensar, incluso, que algunos valores emergentes en la sociedad moderna…, como la libertad o el sentido de la personalidad individual, no sólo no han proseguido su desarrollo, sino que se han diluido en la alienación y mecanización, difundidas desde un crecimiento económico ciego”.

La ‘Escuela de Frankfurt’ también reacciona contra el excesivo cientifismo. Critican al cientifismo y al positivismo por varios motivos: por reducir la razón a un mero instrumento y, por tanto, por considerar que los medios son lo único racional; por separar el conocimiento científico de las valoraciones morales,… El dogmatismo de los hechos nos los muestran como sin poder ser siquiera objeto de discusión (como pasa con las vacunas, el sida, el cáncer,…).

Uno de los problemas del progreso científico es la separación entre el ámbito técnico y el ámbito moral. La consideración de las cosas como mercancías y como simples objetos de cambio, contrasta con planteamientos como el de Kant, para quien hay cosas que valen por sí mismas, que son fines en sí mismas y no medios. Bien por Kant, un minipunto para él.

En la sociedad industrial, la relación del hombre (y la mujer, por supuesto, que no se me vayan a enfadar los sociatas) con la naturaleza es una relación de dominación, con la consiguiente pérdida de valores humanos y morales que tal dominación conlleva, y que vamos viendo en el día a día cotidiano.

Marcuse ya denunciaba hace años (pero sin perder actualidad), que estamos ante una sociedad ideologizada, ante “un universo unidimensional de pensamiento y acción que absorbe y anula todo intento de trascenderlo”. El mundo tecnológico se nos presenta como algo totalmente racional e identificado con la noción de progreso social.

Marcuse sostiene que “… el aparato productivo tiende a hacerse totalitario en cuanto determina, no sólo las ocupaciones socialmente necesarias, las habilidades y aptitudes, sino también las necesidades y aspiraciones individuales. Así suprime la oposición entre existencia pública y privada, entre necesidades individuales y sociales. La tecnología sirve para instituir nuevas formas de control y cohesión social, más efectivas y placenteras”.

Al hombre alienado por estas nuevas formas de control social Marcuse lo califica como hombre (y mujer, insisto) unidimensional: “he sugerido que el concepto de alienación parece hacerse cuestionable cuando los individuos se identifican a sí mismos con la existencia que le es impuesta y encuentran en ella su propio desarrollo y satisfacción. Tal identificación no es una ilusión, sino una realidad. Sin embargo, la realidad constituye un estado más enteramente objetivo: el sujeto que se encuentra alienado es devorado por su propia existencia alienada. Por todas partes y bajo todas las formas sólo existe unidimensionalmente”.

Y como esto lo pensó y escribió Marcuse hace unos cuantos años ya, y como la ‘evolución’ no para su deambular a lo largo del tiempo, la sociedad se ha ido degradando más y más, y el hombre que la compone se ha desprendido ya completamente de cualquier moralidad que lo convertía en un ser superior, convirtiéndose en el hombre adimensional.

¿Qué legitimidad tiene pues el ‘moderno occidental’ para exportar su adimensionalidad al resto de países que todavía no padecen nuestras enfermedades sociales degenerativas (Egipto, Libia, Yemen, todo el llamado Tercer Mundo…)? ¿Quizás ganar más consumistas para la causa capitalista? ¿Ganar más adeptos a nuestros equipos de fútbol para que compren camisetas? Una sociedad osicológicamente enferma no puede dar lecciones de moralidad a nadie, y menos cuando se consienten toda clase de tiranías y masacres, hasta que aparece el petróleo por medio.

No nos queremos dar cuenta de que somos un cáncer que se extiende imparable, y que solo cabe extirpar; si no, el hombre adimensional se convertirá en historia…

TZI

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10 respuestas a EL HOMBRE ADIMENSIONAL

  1. nadiemejorquenadie dijo:

    Mi alma ha disfrutado con este artículo tuyo que has publicado aquí, haciendo ver sin querer que la tuya vale y no cuesta.
    A propósito de lo que aquí comentas, hoy he podido ver una escena de la que me he quedado sin palabras, me he sentido triste y sólo.
    Un compañero estaba cabizbajo ensimismado, y no lo recuerdo bien pero creo que ha soltado su particular mantra: “Ay, ¡Qué pena de vida!” y otro compañero lo ha animado recordándole todas sus posesiones (Qué dicho sea de paso, encima le pertenecen al banco); automáticamente el compañero cabizbajo se ha levantado de la banqueta como un resorte, y se ha sentido feliz, ¡Pero de manera sincera!…

    • hasenroniz dijo:

      Gracias nadiemejorquenadie, mi objetivo de hacer disfrutar a alguien con mis artículos se ha cumplido pues. Curiosa la historia de tus compañeros y muy triste por lo común que puede llegar a ser y porque seguro que pasó tristemente desapercibida por el resto de compañeros que no supieron sacar las implicaciones como sí lo supiste hacer tú. Somos observadores natos que nos hemos decidido a pasar a la acción con nuestros blogs, ¿un granito de arena que puede llegar a ser montaña? Ojalá…

  2. melarrakis dijo:

    Pues entonces habra que volver por donde soliamos. Es el necesario y que fue el que nos hizo avanzar antes… y antes de perder el Norte. Busquemos los valores que nos hicieron buenos e incluso mejores.

  3. Amayika dijo:

    Totalmente de acuerdo… Pena que la sociedad capitalista que tanto criticas sea lo que impere… y lo que nos queda.

    • hasenroniz dijo:

      Veo con esa coletilla que eres más pesimista que yo. Al menos intentemos vivir de acuerdo a nuestros convencimientos, aunque a veces resulte realmente difícil…

  4. Si señor. Enhorabuena. Un texto que añade y complementa nuestras visiones y esperanzas.

    Un abrazo,

    Miguel

  5. varín dijo:

    Hola,
    Muy claro y directo: algo necesario;
    Si gracias a esta llamada de atención, algún ser [humano] adimensional, se diera cuenta de que puede pararse a mirar, ver y reflexionar, y con suerte se decidiera a ser multidimensional, ya iría bien.

    Gracias por compartir con los demás.

    P.D. He cogido la foto de portada y la he reducido para enlazarte; si te parece incorrecto, la borro y sin problema; si por el contrario, prefieres poner otra, dímelo y lo miramos.

    Abrazos

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