LA POLÉMICA

La polémica es un enfrentamiento de posiciones adversas en torno a un mismo tema; es un diálogo violento entre dos o más interlocutores que defienden posiciones antagónicas dentro de un terreno común.

Una vez instalados en sus respectivas trincheras, los adversarios se dedicarán a arrojarse mutuamente cuanto proyectil tengan a mano, incluyendo dardos envenenados, falsificaciones, mentiras, granadas, tomates, injurias… Claro que un polemista con buena puntería puede sorprender al adversario y agraviarlo para obligarle a abandonar la contienda. Hay injurias que matan. Y la polémica, a fin de cuentas, es un simulacro de guerra, una guerra de juguete donde nadie espera que las armas estén cargadas.

El “no” es característico de la polémica, ya que su objetivo primero consiste en refutar al adversario para descalificarlo. Con esta intención, el polemista hará gala de toda su seducción y hechizará al lector metamorfoseándose en cangrejo, sanguijuela, pavo real o espadachín. Y el ingenuo lector, persuadido de sus razones, se volverá aliado. Porque un buen polemista es el que consigue, echando mano a cualquier artimaña, el favor del público lector.

Como esta guerra suele librarse desde las páginas de periódicos y revistas, y los contendientes son científicos, políticos, escritores, periodistas y hasta lectores inquietos e inconformistas, alguien, con buen tino, la definió como una “guerra de lapiceros”.

Refutar no es precisamente moco de pavo. Hay un extenso repertorio de técnics, la mayoría de las cuales se remontan a épocas de los sofistas, cuyo dominio es indispensable para todo polemista que se precie:

1. La treta, que consiste en dar por superada la tesis del adversario por perogrullesca o por repetida hasta el mucho enfado: “… evaluar -a 20 años de distancia- que ‘lo nuevo dejó de serlo’ resulta una afirmación preñada de sabiduría histórica…” (variante perogrullesca).

2. Otra artimaña es la de poner en duda la argumentación adversa mostrando que lleva a consecuencias imprevistas que terminan por contradecirla: “Señor Monner Sans: Si le hiciéramos caso a la gramática, tendrían que haberla respetado nuestros tatarabuelos, y en progresión retrogresiva, llegaríamos a la conclusión que, de haber respetado el idioma aquellos antepasados, nosotros, hombres de la radio y la ametralladora, hablaríamos todavía el idioma de las cavernas…”

3. Olfatear detrás de las palabras del adversario intenciones non sanctas es la estrategia que suelen llamar “desmitificación”: “Tanta docilidad, sin duda, habrá de tener premio: una beca, acaso, un puesto en la nómina del funcionariado, un lugarcito en el escalafón de la burocracia intelectual…”

4. Otras veces se rechaza de plano un argumento del contrario sin tomarse la molestia de refutarlo siquiera, dando por sobreentendida la falsedad del mismo: “Lo absurdo de los dogmas cristianos no necesita demostración”.

5. O bien se retoma una acusación para resolverla como un boomerang sin contestarla: “Se me ha reprochado que me ocultara bajo la máscara del anonimato. Pero la presentación en regla ha sido hecha por dos señores que firman en la Revista independiente Julio y Gastón”.

6. Cuando se refuta un razonamiento abstracto suele evocarse la realidad para demostrar la falsedad del mismo: “Yo me jugaría la cabeza que usted, en su vida cotidiana, no dice ‘se llevó a la boca un emparedado de jamón’, sino que, como todos, dice ‘se comió un sandwich'”.

7. La paradoja es una de las artimañas más efectivas, ya que pone en evidencia una contradicción oculta: “Caridad, decía el cristianismo que dio pretextos para tantas masacres; Fraternidad, proclamaba la Revolución que erigió la guillotina en sistema de gobierno; Solidaridad, predicaban los últimos filósofos modernos mientras integraban partidos que proponían la violencia”.

8. Por último, la apelación a una autoridad reconocida o a la posteridad como juez calificado es otra forma de confirmar los argumento propios y descalificar los contrarios: “… El mismo Marx hubiera reconocido que estos burros pomposos toman la lucha de clases por una idea platónica…”

La agresión propiamente dicha también admite disfraces diversos.

El paisaje abrupto de un tono formal a un tono conversacional, chabacano o francamente grosero puede ser una forma de provocación: “Detengámonos un instante y, con el sombrero en la mano, preguntémosle cortésmente al señor ZP si nos toma por tontos”.

Hay modos humorísticos de ridiculizar al adversario, como por ejemplo subvertir la lógica de su enunciado conectando mal las causas con los efectos, alterando los términos de una comparación, etc.

A través del sarcasmo, el polemista se muestra benévolo en apariencia, pero lo que a primera vista parece una concesión al adversario, es en realidad un duro reproche: “El presupuesto de educación es el más bajo del mundo, pero de cualquier manera esto se ve compensado porque el país ocupa uno de los primeros lugares en la clasificación general de estafadores, jugadores de dominó y borrachos incurables”. “Efectivamente, somos un pueblo de digstión lenta, pero gracias a Dios nos queda el recurso a las alcachofas”.

Por su parte, la injuria, que remite a los terrenos escabrosos de la obscenidad y la escatología, así como algunas formas vecinas, como los apodos insultantes del tipo “X, la cloaca nacional”, “Y, el sátiro triste”, “B, la alegre prostituta”, aplicados al adversario, constituyen el punto álgido de la agresión polémica.

(Pido perdón por los errores gramaticales y sintácticos debidos a la apresurada traducción del portugués, de los cuadernos de actuación robados a Mourinho, el actual entrenador del Real Madrid; aprendamos algo útil de estos descerebrados futboleros; por supuesto, se admite cualquier tipo de polémica sobre la tarjeta roja a Pepe, que fue porque fue, pero quizás no debió ser… y ¿a quién cojones le importa con casi 5 millones de parados? Hacéroslo ver, puede que sea una enfermedad… Cierro paréntesis)

TZI

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5 respuestas a LA POLÉMICA

  1. varín dijo:

    Je Je , Qué bueno¡¡

    [ y No, no es para reirse si no es espontáneo por la entretenida prosa, porque la cosa es seria; no sabría decir dónde he visto ésto plasmado en un dibujo del roto, creo ( “parado” muy enfadado…)]

    • hasenroniz dijo:

      Y anoche en la radio, algún comentarista, llegaba a similares conclusiones, y es que parece tan obvio que así no llegamos a ninguna parte… Hasta los futbolistas se están quedando en el paro y aquí no pasa nada.

      Gracias Varín, un abrazo.

  2. melarrakis dijo:

    Magnífico. Como siempre riqueza intelectual y un lúcido análisis de la actualidad. De la verdadera actualidad, NO la que nos quieren MATRIXear.

  3. Jeje, gracias!

    Ahora bien, lo que me pregunto es que ocurrirá con un polemista en cuanto le dé un haz de sol de los multivitamínicos que últimamente pululan por la atmósfera, esquivando o comiéndose chemtrails. Uno de esos haces perdidos, la bala perdida, vamos. Buum.

    En medio de una tertulia de la radio, o incluso en la tele, que seguro que vuelven a hacer esos programas tan inútiles sentados a pleno sol.

    Justo cuando le dan la entrada en plan “Venga, a la yugular!” y movimientos de que se apresure desde las bambalinas.

    Y no dice nada. Se queda mirando con los ojos abiertos, se le abrirá la boca poco a poco, le costará respirar… y luego negará con la cabeza mientras empieza a echar un vistazo a su alrededor, preguntándose que coño está haciendo aquí.

    Se levantará, dirá el “que les den”, el programa es cortado, publicidad, la del tiempo vuelve a salir para hablar de las nubes que son chemtrails y el público descojonado ya del todo.

    Sí. Seguro que ya está pasando. No lo vemos, porque los de realización siempre están en camiones oscuros por dentro. Pero algún día se abrirá esa puerta tontamente, y el haz le da también al jefe de realización, que se quedará igualmente alucinado en cuanto vea en que lugar está pasando su vida.

    Qué masocas que somos. Mira, hasta a mi me parece ahora que quizá debería mantener buenas relaciones con mis vecinos con la tele. Cómo haya un día de estos potentes, se puede liar la gorda en la caja tonta, y cincuenta años de comedura de tarros por el retrete en un sinfin de cagadas irreparables. Es que esos se llaman Cadenas, y no veas como es una reacción en cadena de ese tipo.

    Lo que nos vamos a reír.

    Abrazos,

    Miguel

    (Reír, sí. Lo otro, intentaremos evitarlo como sea.)

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