LA IRONÍA

Lo prometido es deuda. Y seguro que todos estábais esperando desesperadamente este momento (esto es ironía). La ironía es una burla embozada, una burla entre dientes: se trata de lo contrario de lo que se quiere dar a entender. El que ironiza emite dos mensajes opuestos a la vez. Esta contradicción aparente es un arte para el detector de ironías.

Ironizar y mentir no son la misma cosa. Cuando ironizamos, decimos lo contrario (o por lo menos algo distinto) de lo que queremos dar a entender; cuando mentimos, decimos algo distinto (e incluso algo contrario) de lo que pensamos. Es decir, justo lo que ha estado haciendo el PSOE estos años cuando decía que no iba a hacer recortes sociales y terminó haciéndolos: pura ironía, tiene razón el gran líder ZP cuando dice que no han mentido… (decide tú mismo si esto que acabo de escribir es o no otra ironía; si me vieses la cara…).

Avancemos un poco más. ¿Cómo podemos darnos cuenta de que estamos frente a una ironía? La ironía suele venir acompañada de determinados signos. Uno de ellos es la presencia de un cierto grado de contradicción entre el enunciado y la realidad (“no hay crisis”, “el capitalismo, que vive del trabajador, nos dispara el paro”,…).

La cara del que habla suele emitir también signos de ironía que acompañan a los anteriores: para ironías benévolas, parpadeos, guiños y ascenso de cejas o de una ceja (sobre esto, como todos sabemos, hay toda una secta especializada, el famoso “Clan de la Ceja”, que, quién lo diría, vive de las subvenciones oficiales del poder); para ironías más maliciosas, semisonrisa a lo Robert Mitchum, ojitos neblinosos y socarrones (sí, esas veces que habéis creído que ZP estaba colocado…); a veces, el conjunto de la cara se acomoda a las circunstancias y finge concentración, arrepentimiento e ingenuidad (cuando dijo que lo dejaba… ¿lo dejará realmente?, ¿se conformará únicamente con Zerolo para dar por culo?); a veces, sólo algún rasgo de la fisonomía se modifica, mientras el resto permanece inalterable, a lo Humphrey Bogart (algunos ya sé que os habéis fijado en los movimientos masónicos de sus manos). Todos nos volvemos actores cuando emitimos una ironía, ya que, escapando a nuestro control, la cara y el conjunto del cuerpo adoptan poses que convienen a la falsedad del enunciado, y todos sabemos que los políticos son grandísimos actores, muy mal pagados, eso sí.

Algunas ironías se construyen como comparaciones del tipo “A es P como B”. Para que la comparación resulte irónica s indispensable que B no sea P, porque allí reside la contradicción: “Fulano es ligero como un elefante”, “Mengano es veloz como una tortuga”, “Perengana es silenciosa como una pandereta”, “ZP es bueno como Obama” (y ambos dos lo ven muy negro cuando se miran al espejo).

¿De qué manera actúa el contexto como indicador de ironía? En algunos casos, la frase entra en contradicción con lo que es “vox populi”, con el sentido común. En otros casos, la contradicción se manifiesta a partir de una evidencia que es válida para una situación en particular (lo de los brotes verdes cuando cada vez hay más parados; ¿será que nos ponen verdes por no querer trabajar, panda de vagos?).

En otras oportunidades, la contradicción se manifiesta entre la frase y lo que se sabe acerca de quien la pronuncia. Pongamos por caso que el desastrado de Manuel, que sabe que Ana aborrece las películas de terror pero le fascina la ornitología, la invite al cine (gracias a un préstamo que le ha hecho un amigo generoso, pues está en el paro) a ver “Los pájaros” de Hitchcock, convencido (el muy bruto) de que es un documental. No le quedarán dudas a Manuel de la ironía que encierra la frase que le dirige Ana cuando se encienden las luces de la sala: “¡Qué película más interesante!” (y si alguna duda le quedara, la sonrisa de Ana, que deja entrever un par de colmillos afilados, bastará para aventarla).

La ingenuidad fingida (en esto es un maestro nuestro ZP) es también una forma de ironía que se apoya en el conocimiento que el interlocutor tiene del que enuncia la frase.

Resumiendo, lo que llamamos ironía tiene un sentido literal y uno sugerido. Si nos guiamos exclusivamente por las palabras pronunciadas, es probable que la ironía pase a nuestro lado sin que la percibamos. Si atendemos en cambio al tono de voz, a los gestos de quien habla, es probable que aparezca con la nitidez de una revelación esa frase no dicha, ese segundo sentido que es su principal característica. Esta dualidad casi hipócrita de la ironía tiene, sin embargo, su razón de ser; en determinadas circunstancias resulta embarazoso, imposible o cuando menos inconveniente hablar de manera muy directa (en política, casi siempre). En esas ocasiones la ironía se presenta como un recurso efectivo para dar a entender lo que se piensa sin decirlo. Del mismo modo que la hipocresía hace a los buenos modales y las buenas costumbres, la ironía hace al bien hablar y al ingenio de salón. Y aun cuando se la esgrima como burla, no deja de ser una agresión de guante blanco. A ver si eres capaz, a partir de ahora, de descubrir las ironías de los políticos; nunca más les llamemos mentirosos.

Por supuesto, se lo dedico al number one de la ironía de nuestro querido país, el gran ZP, que llega a ensombrecer al también enorme Mr. Bean. Háganle llegar esto, que le gustará (supongo que preferirá ser tildado de irónico que de mentiroso; qué bien estoy haciendo por la clase política y qué poco me lo van a agradecer, pero me siento feliz).

Por favor, basta ya de tanta ironía, que ya no podemos más; yo, personalmente, estoy ya deshuevao, me rindo…

TZI

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4 respuestas a LA IRONÍA

  1. melarrakis dijo:

    La ironía es un puño de acero enguantado de raso.
    Y gracias Maestro Hasenroniz por el cameo 😉

  2. Pingback: Esta es sin colorines, ………vosotr@s diréis « conocimiento y libre albedrío

  3. Pingback: la locura humana ( ver comentarios en COSAS QUE PASAN? ) « conocimiento y libre albedrío

  4. Pingback: os imagináis que todos los que escribimos sobre “lo que pasa” DEJÁRAMOS DE HACERLO y comenzásemos una “ACTIVIDAD DIFERENTE” ?? « conocimiento y libre albedrío

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