MÁS ALLÁ DE LA LIBERTAD

Desde el Renacimiento se ha venido confundiendo una y otra vez ‘ser libre’ con ‘estar indeterminado’, que viene a significar ‘hacer lo que me da la gana’. Ahora bien, si esto fuera así, si imperase el libertinaje, la libertad del hombre sería prácticamente nula, ya que estamos muy limitados tanto por la Naturaleza como por la Sociedad en la que vivimos.

Desde que nacemos, estamos limitados físicamente; por ejemplo, no podemos ni podremos nunca correr con nuestras propias piernas a quinientos por hora. También estamos psíquicamente limitados; por ejemplo, no podemos entender en dos horas cómo funciona realmente un reactor nuclear. Y también tenemos nuestras limitaciones morales por naturaleza; por ejemplo, no podemos ser egoístas, agresivos y groseros con todo el mundo y, sin embargo, tener muchos y verdaderos amigos. Aunque no lo queramos, tenemos inclinación a la pereza, a la venganza, a la inconstancia, al egoísmo, etc., que nos limitan moralmente.

Pero no sólo por Naturaleza, sino que también la Sociedad nos limita en los tres campos mencionados: físicamente, poniendo cercos de espinos, tapias y puertas blindadas que nos impiden pasar; psíquicamente, promulgando leyes, prohibiciones, multas, etc. que nos coaccionan internamente, o por medio de la propaganda comercial; moralmente, mediante códigos, normas, costumbres, mandamientos y, sobre todo, “modas” que, sutilmente, nos hacen pensar y actuar de determinada manera para evitar la censura social y ganarnos la aprobación y el aplauso de los demás.

Las limitaciones que nos impone la sociedad pueden dividirse en dos tipos:

1. Las que hemos inventado e impuesto para facilitarnos las cosas. Por ejemplo, las leyes de circulación, que si bien limitan continuamente nuestros movimientos, gracias a ellas conseguimos una mayor libertad para conducir más seguros, más rápidos y más cómodos.

2. Las que, además de limitarnos, no nos reportan nada bueno. Son leyes inadecuadas, inútiles e injustas, que sí nos quitan libertad. La normativa excesiva, el uniformismo sin motivos, el caciquismo o las leyes discriminatorias o que niegan los Derechos Humanos son fuente de verdadera esclavitud.

Ser libre no significa, por tanto, estar totalmente indeterminado. La actitud verdaderamente libre consiste en querer voluntariamente lo mejor, lo que realmente nos conviene, sin que nos pongan trabas que nos impidan hacerlo, ni obligación de actuar así sin contar con nuestra propia voluntad.

Es decir, la libertad no es un fin en sí, sino que es un medio necesario para conseguir actuar del mejor modo posible para ser más felices. Si me quitan mi libertad, me impiden ser todo lo feliz que hubiera podido ser. Y la culpa de que la sociedad esté manipulada por unos cuantos, la tienen evidentemente los manipuladores, pero también todos los que se dejan manipular por dejarse llevar cómodamente por la corriente…

Para conseguir actualizar mi libertad potencial al máximo, es necesario:

1º. Aceptar mis limitaciones naturales, pues rebelarme contra ellas me conduciría a la frustración inútil, aunque deba intentar superarlas en lo posible.

2º. Aceptar las limitaciones sociales que me dan libertad aunque me quiten indeterminación. El hombre es naturalmente indeterminado y potencialmente libre. Conforme va creciendo y madurando puede irse ‘liberando de hecho’ cada vez más, al determinar bien su indeterminación inicial. A eso se le llama actualizar la libertad potencial. No es más libre el más indeterminado, sino el que mejor se ha determinado.

3º. Las leyes sociales que limitan mi comportamiento y, a cambio, no me dan más libertad ni a mí ni a nadie, son nocivas e injustas, y el proceso liberador me exige luchar contra ellas con todos los medios a mi alcance. Los caciquismos, las arbitrariedades, las normas ya caducas que se basan en necesidades ya superadas, hay que desterrarlas. Los racismos, los machismos y todas las leyes que vayan contra la naturaleza humana no tienen justificación alguna y, por tanto, van contra la verdadera libertad del hombre y hay que derrocarlos.

4º. La actitud verdaderamente libre consiste en habituarme a escoger lo que más me conviene (aunque no sea lo que más me apetezca), educando mi conciencia en su doble faceta de conocimiento y voluntad, teniendo en cuenta que hay tres tipos de libertad: la que se ejerce en el mero ámbito físico (como la libertad de movimiento, de emigrar a otro país, de residir en un sitio o en otro, etc.) llamada “libertad de hacer”; la psíquica o “libertad de arbitrio” (como la de decidir qué voy a estudiar, cuál es mi cantante favorito, etc., sin que la propaganda lo haga por mí); y la “libertad moral”, que es la que me permite pensar sin coacciones ajenas, elegir la religión que más me convenza, votar a quien considere más eficaz, etc.

Lo mejor, sin duda, es conseguir la libertad en los tres niveles reseñados, pero si hay que elegir, lo más sensato es defender la libertad moral por encima de las otras dos. Por ejemplo, un preso político puede haber perdido su libertad física, e incluso estar sometido a coacción psíquica, pero si conserva su libertad moral, podrá seguir firme con sus convicciones, siendo lo que es sin dejarse manipular en lo más hondo de su propio ser.

El problema es que, en la sociedad actual que nos ha tocado vivir (o sufrir), la falta de valores morales es lo que condiciona este tercer nivel de libertad, que debiera ser el más importante. Tenemos libertad de movimientos (libertad de hacer), tenemos libertad de elegir qué estudiar (libertad de arbitrio), pero ¿poseemos realmente ‘libertad moral’, es decir, convicciones éticas y morales que defender?

Dedicado a: VARÍN. (Algo así se podría llevar en las ‘avionetas de la libertad’ para extenderlo por toda la Humanidad; ¿pelín pretencioso? Perdón… no lo pretendo)

TZI

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2 respuestas a MÁS ALLÁ DE LA LIBERTAD

  1. varín dijo:

    Hola,

    Muchas Gracias, me honras y no sé que decir;

    Puedo decir, eso sí, que esta página del intrépido Inquirer ( TZI ), me tiene maravillado desde que la conocí; mi mente lineal se queda fuera de juego y no entiende por qué me gusta tanto. Es una cosa diferente, de sentir, y eso que aquí no se está en babia ( preciosa por otro lado ), si no que se acude sin miedos ni miramientos a temas de nuestra realidad, con unos envoltorios u otros, y a mí me parece una de las obras que más me han impactado agradable y positivamente ( sin artificio de ninguna clase, con sinceridad ), de las que me he encontrado en mis andanzas por este mundo en general y de internet en particular.
    Agradecido [ a ] TZI. Y a las avionetas que hemos hecho volar.

    Abrazos

    • hasenroniz dijo:

      Sin más, pienso que te lo merecías, por tu participación con tus atinados comentarios y tu difusión de nuestras ideas dentro de tus posibilidades. Gracias a ti, de verdad.

      Un abrazo.

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