IMPERIALISMO MODERNO

Voy a contar una historia que he conocido leyendo a Bruno Cardeñosa, que es quizás uno de los poquísimos periodistas de nuestro país que todavía no se ha vendido a los intereses del Poder, y esperemos que así continúe durante toda su vida y nos ilumine con sus investigaciones sobre estos temas conspiranoicos que tanto nos gustan.

El protagonista de esta historia se llama John Perkins. Nació el año 1948 en Hanover, en el estado de New Hampshire (EE.UU.). Cursó estudios universitarios relacionados con la economía y la empresa, doctorándose por la Escuela Universitaria de Boston. A comienzos de los setenta entró a formar parte de la empresa de ingeniería energética Chas T. Main, que fue fundada a finales del siglo XIX. Lo curioso es que llegó a la empresa después de haber sido contratado por la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), que es la mayor agencia de inteligencia de EE.UU.

Su misión era implantar y supervisar los proyectos de su empresa en países de Asia y América del Sur, y lo hizo durante más de dos décadas. Los proyectos estaban relacionados con la construcción de infraestructuras vinculadas con la energía y los recursos naturales. Pero, la realización de esos proyectos era únicamente la fase final de un plan maquiavélico. “Que nadie se entere de tu actividad. Ni siquiera tu mujer. Cuando uno entra en esto, es para toda la vida”, le dijo la persona encargada de instruirlo en su misión, que Perkins define como un ejercicio de gangsterismo económico que une bajo un mismo interés a gobierno, diplomáticos, servicios de inteligencia, banca y empresas.

Perkins escribió en sus memorias que hay cientos de gángsters económicos en las grandes multinacionales. Y que la mayoría de ellos ha recibido la misma formación que él. Sus instructores le explicaron cómo sería su trabajo de la siguiente manera: “Tu objetivo será estimular a líderes de todos los países para que entren a formar parte de la extensa red de intereses comerciales de EE.UU. en todo el mundo. En último término, esos líderes acaban atrapados en la telaraña del endeudamiento, lo que nos garantiza su lealtad. Así, podremos recurrir a ellos siempre que lo necesitemos, y de este modo satisfacer nuestras necesidades políticas, económicas y militares. A cambio, ellos consolidan su posición porque traen a sus países complejos industriales, centrales generadoras de energía y aeropuertos. Y los propietarios de esas empresas, casi siempre estadounidenses o de países de nuestra órbita, se hacen inmensamente ricos.”

Perkins explica el funcionamiento de este sistema en su primera fase: “Somos hábiles. Hemos aprendido las lecciones que nos ha enseñado la historia. La sutileza de los constructores de este imperio moderno deja en evidencia a los generales romanos, a los conquistadores españoles o a las potencias coloniales europeas de los siglos XVIII y XIX. No usamos armaduras ni uniformes. En países como Ecuador, Nigeria o Indonesia vamos vestidos como los maestros de escuela. En Washington y París adoptamos el aspecto de burócratas y banqueros. Inspeccionamos las obras de ingeniería y visitamos las aldeas depauperadas en donde se encuentran las riquezas. Profesamos el altruismo y hacemos declaraciones en los periódicos locales sobre los maravillosos proyectos humanitarios a que nos dedicamos. Somos personajes públicos. Sin nada que ocultar. O por lo menos nos presentamos como tales y como tales se nos acepta. Así funciona el sistema. Pocas veces hacemos nada ilegal, porque el propio sistema está edificado sobre el subterfugio.”

Y la verdad, según Perkins, es que “los gángsters económicos somos profesionales generosamente pagados que estafamos billones de dólares a países de todo el mundo. Canalizamos el dinero del Banco Mundial y de otras organizaciones internacionales hacia las arcas de las grandes corporaciones. Entre nuestros instrumentos figuran los dictámenes financieros fraudulentos, elecciones amañadas, sobornos, extorsiones y asesinatos. Este juego es tan antiguo como los imperios, pero adquiere nuevas y terroríficas dimensiones en nuestra era de la globalización. Yo lo sé”.

Cuando los mecanismos para crear deuda fallan, porque los gobiernos no aceptan las directrices de las grandes corporaciones y deciden no rendirse ante el sistema de créditos a devolver con intereses incluidos, o cuando por decisión de los líderes locales el reparto de los beneficios del petróleo no es tan provechoso para las empresas extranjeras, entonces entran en juego lo que Perkins llama los chacales.

Los chacales actúan de diversas formas, pero todas giran en torno a atentados, muertes sospechosas, secuestros, revoluciones… En raras ocasiones los gángsters económicos primero y los chacales después fallan. Pero hay excepciones (Perkins menciona como ejemplos a Afganistán e Irak). Y entonces se envía a la juventud estadounidense a matar y morir, en ejércitos enormes y en nombre de la libertad: guerras de liberación, invasiones humanitarias, etc.

Aunque Perkins fuese un farsante, lo que cuenta se parece bastante a la realidad, si bien se nos oculta continuamente información crucial para poder llegar a esas conclusiones. Personalmente pienso que es una descripción bastante atinada y real sobre el imperialismo moderno imperante en el mundo, y aplicado especialmente por Estados Unidos; un imperialismo maquiavélico donde el fin, que es el control de los recursos energéticos y alimentarios del mundo, justifica todos los medios, incluso guerras donde muere mucha gente inocente.

TZI

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7 respuestas a IMPERIALISMO MODERNO

  1. Pingback: conviene saber en qué mundo vivo « conocimiento y libre albedrío

  2. varín dijo:

    Quizás pueda ir por aquí: entrevista

  3. melarrakis dijo:

    en todas partes cuecen habas (a que me he leído el artículo de sabiduría popular ¿eh?), y en todas las épocas, también.

  4. melarrakis dijo:

    por eso yo no me preocuparía, no estamos peor que en otras épocas respecto a eso, sin embargo la cultura puede llagar a más personas… pero prefieren jugar a la Play-Station

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