ECO-LOGICAL HISTORY

Pitágoras ya nos decía que “mientras el hombre siga siendo el despiadado destructor de los seres vivientes inferiores, jamás conocerá la salud y la paz. Mientras los hombres sigan masacrando animales, seguirán matándose entre sí. De hecho, quien siembra las semillas del asesinato y el dolor no puede cosechar gozo y amor”. Supongo que no te referías, querido Pitágoras, a los que nos cargamos a tantas de esas odiosas moscas como podemos, tan solo por el puro placer de ¡que nos dejen en paz! Este fue, Dios mío, sin duda, tu peor invento (o tu más cruel castigo divino); un mal día lo tiene cualquiera.

Epicuro, sabiamente, nos recomendó: “Conoce la Naturaleza, sólo si la escuchas serás feliz”. Ahora mismo estoy escuchando unos grillos… mmmhh, delicioso. “Ser feliz significa vivir conforme a la naturaleza.” “El hombre feliz conoce su riqueza, fácil de conseguir, porque la misma Naturaleza se la regala. La riqueza de la Naturaleza es limitada y fácil de adquirir. Pero la que procede de las huecas opiniones se precipita al infinito.” ¡Qué fácil ser feliz en tiempos de Epicuro!

Según Maimónides “no hay que creer que todos los seres existen para el hombre. También en provecho de sí mismos”, ¿ta claro, señor Obama, premio Nobel de la mentira?

Y para aquellos científicos que creen que pueden manipular la Naturaleza sin que ésta se revele, ya nos advirtió Giordano Bruno: “que la Naturaleza sea ley para la razón, no la razón ley para la Naturaleza”.

Wolfgang Goethe nos insta a disfrutar de las cosas bellas que nos ofrece la Naturaleza: “Todo el contento de la vida cífrase en el retorno regular de las cosas exteriores. La sucesión del día y de la noche, de las estaciones del año, de las flores y de los frutos y de cuantas demás cosas se producen en épocas determinadas, para que las podamos gozar y las gocemos, son los verdaderos resortes de la vida terrena. Cuanto más abiertos estemos a estos placeres, tanto más dichosos nos sentimos; pero si la variedad de los fenómenos van y vienen ante nosotros sin que en ellos tengamos parte, o si no tenemos capacidad receptiva para tan magníficas ofertas, sobreviene el mal mayor, la enfermedad más grave, y consideramos entonces la vida cual odiosa carga”. Aprendamos, por tanto, a valorar y admirar el mundo en que vivimos.

Schiller nos propone que “la naturaleza misma es la que levanta al hombre desde la realidad a la apariencia, habiéndole armado con dos sentidos que sólo por medio de la apariencia le conducen al conocimiento de lo real”.

Para Joubert la naturaleza inspira al arte y “quien carece de arte seguro que carece también de naturalidad”.

Miguel Delibes se convierte en un filósofo casi místico cuando defiende a la Naturaleza en este párrafo: “Y la destrucción de la Naturaleza no es solamente física, sino una destrucción de su significado para el hombre, una verdadera amputación espiritual y vital de éste. Al hombre, ciertamente, se le arrebata  la pureza del aire y del agua, pero también se le amputa el lenguaje, y el paisaje en el que transcurre su vida, lleno de referencias personales y de su comunidad, es convertido en un paisaje impersonalizado e insignificante.”

También eco-lógico se puede considerar el comentario de Edgar
Morin por las implicaciones que tiene en nuestro sistema actual de sociedad ‘avanzada’: “La tecno-ciencia no es sólo la locomotora de la era planetaria. Ha invadido todos los tejidos de las sociedades desarrolladas, implantando de modo organizador la lógica de la máquina artificial hasta en la vida cotidiana, rechazando la competencia democrática de los ciudadanos en beneficio de los expertos y los especialistas”, muchas veces ‘supuestos’ expertos y especialistas.

Jacques Attali va más allá: “Esta evolución conducirá a reemplazar actos vivientes por artefactos, y a utilizar incesantemente cada vez más recursos de la naturaleza. Amenazando con transformarse a sí mismo en objeto producido en serie, el hombre no se conduce ya como usufructuario del universo y de la vida, sino como un propietario que se arroga el derecho de destruir su bien. Ahí reside el peligro absoluto, irreversible.” Y aquí nos podemos incluir todos.

René Thom, escueto, pero diáfano: “Los beneficios del progreso se agotan”, con el agotamiento de los recursos naturales.

Gran frase de Fernando Giner de los Ríos: “Al contacto purificador de la Naturaleza surgen la expansión de la fantasía, el ennoblecimiento de las emociones, la dilatación del horizonte intelectual, la dignidad de nuestros gustos y el amor a las cosas morales.” Muy bonito, Fernandito.

Miguel de Unamuno, que sabía mucho de todo, asevera con gran atino que “el sentimiento de la Naturaleza, el amor inteligente, a la vez que cordial, al campo, es uno de los más refinados productos de la civilización y de la Cultura.”

Y José Ortega y Gasset comenta sobre la sabiduría popular, que también tiene mucho de eco-lógica: “Yo, que soy profesor de la Universidad, necesito de la colaboración de los pensamientos aldeanos mucho más que ellos de los míos.” A ver qué profesor universitario actual se atreve siquiera a insinuar algo parecido.

Aldo Leopold intenta definir someramente la justicia natural diciéndonos que “una cosa es justa cuando tiende a conservar la inrtegridad, la estabilidad y la belleza de la comunidad biótica”.

Y sobre ética, Bertrand Russell considera que “para formular cualquier ética satisfactoria de las relaciones humanas será esencial reconocer las necesarias limitaciones del poder de los hombres sobre el medio no humano y las deseables limitaciones de los poderes de unos hombres sobre otros.” Siempre la dominación…

En definitiva, muchos sabios del pasado nos han explicado los placeres que nos ofrece la Naturaleza y los peligros de no vivir de acuerdo a sus reglas; pero, está claro que lo han  hecho en vano. Somos vanidosos, somos soberbios, somos orgullosos, y no escuchamos a nadie. Somos posesivos y ansiosos por poseer más y más. Somos los únicos seres sobre la Tierra que no respetamos nada de lo que existe sobre ella. ¿Cómo podemos considerarnos hijos de la Tierra, de la Naturaleza, si somos incapaces de respetarla? Parece claro que somos una creación ajena a nuestro mundo material, quizás divina, y que Dios no es eco-logista.

TZI

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2 respuestas a ECO-LOGICAL HISTORY

  1. varín dijo:

    No debe ser ecologista, no, porque eso de quemar arbustos, y sitios como sodoma y gomorra, que posiblemente sí fueran con la naturaleza, y mucho más…,

    oye¡ y sin embargo no quemó a tiempo, ni a destiempo tampoco ningún bush de esos…

    Y eso si hubiera sido eco-lógico en todos los sentidos, hasta a los humanos les hubiera venido bien una poda en condiciones de bushes desde el mero principio, que luego crecen y mira que frutos de podredumbre nos dejan

    ( si usara etiquetas esto tendría que ir en juegos de palabras bilingües, ja ja

    Abrazos mis Valientes, que dijo el otro sin ser mejorquenadie

    • hasenroniz dijo:

      Ja,ja, pobre Mr. Arbusto, que todo el mundo se mete con él… Tienes razón varin, Dios no puede ser ecologista por no impedir que gobierne y mande este tipo de gente, que le da igual todo, pudiendo ganar también mucho dinero sin destruirlo todo, pero quizás no tanto dinero porque no tendrían el poder de la fuerza que es destructivo y, por lo tanto, no viable a largo plazo; esta gente desmuestra que no quiere ni a sus propios hijos, a los que niegan un futuro decente.

      Un fuerte abrazlo

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