EL ORIGEN DE LOS AMERICANOS

Vamos a intentar analizar la historia del origen de los americanos, tan oscura e incierta como cualquiera de sus mitos. La hipótesis más comúnmente aceptada es que los primeros grupos humanos que habitaron América lo hicieron como destino final de un viaje que comenzó en Siberia durante el último periodo glaciar, entre el año 40.000 y el 10.000 a.C.

En esa época, el nivel del océano entre Asia y América descendió hasta dejar al descubierto un vasto puente de tierra y hielo conocido como Beringia, que conectó ambos continentes por el norte, a la altura de Alaska.

Teniendo en cuenta el carácter nómada de las tribus siberianas, no resulta extraño que un nutrido grupo cruzara esta lengua de tierra en busca de nuevos horizontes o, tal vez, siguiendo la estela de las manadas de mamuts.

La posterior elevación del nivel del mar aisló de nuevo a América y, con ella, a los emigrantes siberianos más aventureros. Hoy, el estrecho de Bering separa ambos continentes, y a la fuerza del océano hay que sumar la pésima meteorología reinante en la zona para explicar por qué los viajes de un lado a otro quedaron bruscamente interrumpidos, incluso por vía marítima.

Así que se piensa que las sociedades americanas evolucionaron a partir de ese momento de forma independiente, sin contactos externos significativos. Las primeras tribus ocuparon las tierras que buscaban y sus descendientes fueron progresivamente hacia el sur, en busca de otras, hasta alcanzar el extremo meridional de Suramérica hacia el 9.000 a.C. Vivieron de la caza y la recolección, primero, y con ayuda de la agricultura, más tarde.

Según esta tesis oficial, los protoamericanos fueron desarrollándose a medida que descendían hacia el sur, hasta el punto de que, para cuando llegaron a lo que hoy es México, estaban lo bastante preparados como para fundar las culturas prehispánicas avanzadas, de donde emanarían las influencias que desembocarían más tarde en el nacimiento del imperio inca.

El historiador mexicano Alfredo Chaveo afirma que los indios pertenecían a grupos distintos, pero, en el fondo, eran de la misma raza, la náhoa, ya que sus múltiples idiomas partían de la misma base lingüística.

Los primeros en llegar habrían sido los toltecas y, con ellos, el maíz, planta sagrada de todos los pueblos indígenas, y el calendario. Después de abandonar, por razones ignoradas, su hogar de Teotihuacán, se establecieron en Tula. Lucharon luego con los mayas y se instalaron también en Chichén, ciudad a la que los mayas rebautizaron como Chichén Itzá porque llamaban itzaes a los toltecas.

Después de formar una liga de Estados “a la griega”, erigieron una nueva capital en Mayapán, donde gobernaron hasta que en 1441 d.C. fueron derrotados y absorbidos por los mayas, que se convirtieron en la civilización más avanzada de cuantas conocemos en la zona.

Entonces se sucedió el desfile de tribus náhoas: Chichimecas, xochimilcas, chalcas, colhuas, tlahuicas, tecpanecas… Hasta llegar a los tenochca, fundadores de Tenochtitlán, a quienes los conquistadores españoles conocieron como aztecas.

¿Hasta qué punto podemos sin embargo fiarnos de esta interpretación? Sin tener en cuenta la sorprendente circunstancia de que numerosos hitos culturales en el Nuevo Mundo marcharon paralelos a los del Viejo (entre ellos, la adopción de la agricultura, el surgimiento de ciudades y la innovación de la metalurgia y la escritura), la lógica indica que, al ser las primeras en llegar, deberían haber sido las tribus ubicadas más al norte de América las que crearan las civilizaciones más importantes o, al menos, las que sirvieran de referencia para que las posteriores se asentaran sobre ellas sucesivamente. Y no fue así.

Muchos especialistas reconocen que, en realidad, las primeras culturas dignas de tal nombre fueron la Olmeca, ubicada en México, y la Chavín, en las tierras altas del norte de Perú. A partir de ellas y sin salir de las mismas regiones, surgirán las demás: Teotihuacán, Tolteca, Maya, Azteca, Moche, Nazca, Chimú e Inca…

El problema es que nadie sabe muy bien de dónde salieron los olmecas y los chavines. ¿Pueblos autóctonos que prácticamente de la noche a la mañana construyen una civilización digna de tener en cuenta?

Si bien es cierto que un nutrido grupo de protoamericanos debieron penetrar en el continente a través de Beringia (y podríamos considerar como sus legítimos descendientes a las tribus indígenas de Norteamérica), no lo es menos que los mitos de los principales pueblos mesoamericanos, aquellos que fundaron ciudades, construyeron pirámides, observaron el universo, crearon calendarios precisos y desarrollaron una compleja cosmogonía, apuntan en otra dirección: hacia el este. Pero, esos es ya tema de otros artículos, para alejarnos más aún si cabe de las versiones oficiales, que demuestran estar gtan erradas y tan faltas de rectificaciones a la luz de las evidencias.

TZI

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6 respuestas a EL ORIGEN DE LOS AMERICANOS

  1. melarrakis dijo:

    Una cosa son los aportes humanos y genéticos y otra cosa son los culturales. Hace poco vi un documental en el que se afirmaba el comercio entre la américa india y el Egipto de lo faraones, aunque sólo estaba basado en productos de alto valor relacionados con el culto a los dioses y otros de valor entre los altos dirigentes de entonces.

    • hasenroniz dijo:

      Pero, las fechas oficiales no tienen sentido para culturas tan avanzadas; parece claro que deben ser bastante más antiguas, con lo cual aparecen muchos más interrogantes en la historia que son difíciles de explicar si no se formulan hipótesis mucho más abiertas.

  2. Hola amigos,
    estimado Hasen,

    quizá … es una tontería seguramente … pero hace unas semanas un señor me explicó que la Tierra, es decir la sociedad de la Tierra de entonces, había aceptado dar hogar a una sociedad que había pulverizado su planeta (o que le pulverizaron el planeta). Decía que eran almas perdidas, pero que de alguna forma Gaia accedió a darles lugar.

    Se me ocurre pensar que el denominado “drifting” o deriva de los continentes bien podría ser algo más allá de un acontecimiento normal en la vida de un planeta. Por ejemplo que aquella raza, que según el buen hombre resultó en muy poco agradecida una vez instalada en la Tierra, se dedicara a separar los continentes. Desde luego, me afirmó que todo lo que ahora nos oprime proviene de esas almas que en su día perdieron su hogar, porque no dejaban de jugar con el planeta (jugar es un decir alejado de la monstruosidad de esos actos).

    Si observamos lo que sabemos (lo nada que sabemos) del lecho marino, veremos que hubo ciudades en zonas que – según las teorías de la deriva – no deberian ser visibles, sino cubiertas por placas, o al menos tan destruídas que no habría forma de reconocer los fundamentos de edificios, calles, etc. Más bien – y eso lo aventuro con todas las de perder frente a las actuales teorías aceptadas – parece que hubo algo mucho más gordo y en muy poco espacio de tiempo que separó los continentes, y que gran parte de lo que ahora vemos en el lecho marino, originalmente pertenecía al continente único también, pero quedó trasladado a miles de kilómetros de su asentamiento original. Cómo se logra eso no tengo ni la más mínima idea, pero viendo que tampoco la tiene nadie referente a la construcción de las pirámides – salvo si tomo por válido que eran capaces – por ejemplo en Gizeh – de montar cada veinte minutos uno de esos bloques de miles de toneladas de peso.

    Y de nuevo algo salió mal. Es como con nuestros científicos tan alegres cuando aprietan los botones de las pruebas. Tarde o temprano algo sale mal, y cuando así lo hace, y como “jugamos” con cosas que ni siquiera comprendemos a niveles elementales, no sería una sorpresa que esta raza recién llegada acabara por perder más de lo que pensaba ganar y quedara prácticamente aislada en esos continentes nuevos, empezando de cero en muchos aspectos. Eso explicaría que por un lado eran capaces de construir pirámides, pero por el otro vivían vidas cada vez más “naturales”, hasta que Gaia fue capaz de borrar toda memoria de esa tecnología importada.

    Ahora estaríamos en una especie de resurgir de esa raza, pero a nivel celular y dentro de cada humano. Durante los últimos dos mil años esos genes habrían buscado la supremacia de nuevo, primero sobre la Naturaleza, y segundo – ahora mismo – sobre los genes naturales.

    Eso explicaría esa loca carrera hacía la programación del ADN, o mejor dicho, reprogramación. También dejaría bastante evidente el odio profundo contra todo lo natural. Es notorio, por ejemplo en mi pueblo, el odio contra todo bicho viviente, y más cuando es peludo, y algo menos si se gana dinero con el. Algo así no tiene sentido cuando evoluciona el ser, y es también notorio como el sistema intenta una y otra vez frenar toda evolución fuera de el, es decir natural.

    Quizá eso también explique lo difícil que es a veces para nosotr@s seguir en nuestras respectivas luchas o transformaciones. No sólo hemos de saber sobrevivir en el sistema del racismo contra la Naturaleza, sino que nos toca bregar a nivel individual con el enemigo en el cuerpo. He tenido muchas veces esa sensación, la de que lo más difícil es lograr un avance en mi mismo, cómo si tuviera un regimento en mi contra a cada paso interior, o actitud que deseaba deponer.

    No sé si os sirven estos apuntes.

    Fuertes abrazos, y espirales de salud y amor, tenacidad y bondad,

    Miguel

    • hasenroniz dijo:

      Interesante como siempre amigo Furlock. Yo creo que la Tierra estaba habitada por ‘humanos’ muchísimo antes de lo que nos dice la versión oficial. Lo que ya no tengo tan claro es si nació aquí, vino de fuera, o alguien de fuera la creó aquí como parecen contarnos las diferentes religiones. Parece ser que los continentes estuvieron todos unidos hace muchísimo tiempo; quizás en esa época radique una cultura original de la que procedan los mitos, las construcciones más antiguas que se conservan (pirámides en todo el mundo y ciudades antiquísimas), etc. Se separaron por algún tipo de cataclismo cósmico o artificial, y se crearon diferentes culturas, razas, idiomas, etc., pero todos con raíces comunes. Siempre encontramos mitos que nos hablan de ello: la Atlántida, la Torre de Babel, etc., con la carga de historicidad real que sabemos ahora que podemos otorgarles. En fin, hay muchas posibilidades especulativas y eso lo hace realmente apasionante.
      Gracias Miguel. Un abrazo.

  3. dominique dijo:

    Muy interesante de nuevo. Efectivamente es muy probable que los primeros americanos llegaron por el estrecho de Bering, los conocimientos, rasgos etc… de culturas tan alejadas entre si y sin embargo tan similares tendrían entonces una explicación sin olvidar el papel de los vikingos.
    Actualmente, pocos se pueden llamar americanos puros pero es otro tema.
    ¿Porqué en vez de destruirnos no intentamos buscar la VERDAD de los orígenes del hombre?…
    Un abrazo.

    • hasenroniz dijo:

      Mi opinión es que hay gente que sí lo sabe (quizás los masones del grado 33), pero no interesa que todo el mundo lo sepa, pues destruiría todas nuestras creencias de que somos la cumbre de la creación y todas estas historias que no han estado contando interesadamente y que tanto daño han hecho y siguen haciendo al planeta.

      Un abrazo

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