SOCIOBIOLOGÍA BÁSICA

La noción de la lucha entre los individuos que padecen escasez era una conocida doctrina social mucho antes de que Darwin y Wallace la utilizaran como base de la teoría de la selección natural. En realidad, “la lucha por la existencia” era uno de los lugares comunes verbales de la sociedad victoriana y había sido empleada en lo que ahora suele denominarse discurso darwinista más de una década antes de que apareciese ‘The Origin of Species’.

Fue Herbert Spencer quien desarrolló más completamente, o al menos con el mayor rigor, los argumentos en su favor. A él se debe la pavorosa concepción de una naturaleza “roja de dientes y garras”. En su libro ‘Social Statics’ presentaba una detallada argumentación pensada para demostrar que las rapiñas de la sociedad victoriana eran simplemente la expresión social, natural e inevitable, de la incesante y vasta lucha por la existencia que todas las especies vivientes habían de librar para sobrevivir.

Típico de las nociones sociobiológicas de Spencer es el argumento siguiente contra la legislación social que estaba en estudio en ciertos barrios para aliviar la miseria de los pobres:

“La pobreza del incapaz, las penalidades que caen sobre el imprudente, el hambre de los perezosos o aquellos seres débiles que el fuerte empuja a un lado son consecuencia de una benevolencia grande y de largas miras. Debemos calificar de espúreos a aquellos filántropos que, por impedir la miseria de hoy, desencadenan una miseria mayor sobre las generaciones futuras, y en esta categoría hemos de incluir a todos los defensores de la ley de los pobres. A los amigos de los pobres les repele la ruda necesidad que, cuando se le permite actuar, es un acicate tan potente para el perezoso, un freno tan fuerte para el desordenado. Ciegos ante el hecho de que, en el orden natural de las cosas, la sociedad está excretando continuamente a sus miembros enfermizos, imbéciles, lentos, vacilantes, pérfidos, estos hombres irreflexivos abogan por una interferencia que no sólo interrumpe el proceso purificador, sino que incluso aumenta la depravación”.

La clave de la argumentación de Spencer era que la miseria de las clases bajas estaba emparejada con ciertos defectos inherentes a su carácter moral, defectos que en última instancia se debían a una inferioridad biológica innata. En otras palabras, Spencer imaginaba ver escrito con letras mayúsculas en la sociedad humana el decreto natural de “la supervivencia del más apto”.

Ciertamente que este análisis no desentonaba en absoluto de los puntos de vista de hombres tales como Mr. G. A. Lee, propietario de un molino de algodón en el que trabajaban a diario, de seis de la mañana a ocho de la tarde, numerosos niños. Aunque como sociobiólogo no tenía muchas pretensiones, Mr. Lee compartía las preconcepciones morales de Spencer, en especial sus convicciones respecto al saludable efecto de la adversidad sobre la productividad y su deseo de alentar las virtudes de la diligencia y la eficacia entre los trabajadores pobres. “Nada es mejor para la moral”, opinaba Mr. Lee, “que los hábitos de subordinación, laboriosidad y orden”.

Con tal fin, Mr. Lee y otros industriales utilizaban los métodos de control de la conducta que tenían más a mano. Entre ellos se contaban, sobre todo, los salarios bajos (refuerzo positivo), la ocasional administración de palizas (castigo) y la imposición de multas por infracciones de diverso género (refuerzo negativo). Un ejemplo del tercer método es el de una hilandería cercana a Manchester, donde tanto adultos como niños debían trabajar catorce horas diarias en ambientes con temperaturas asfixiantes, sin que se les permitiera que enviaran a buscar agua, y que se les imponían multas elevadas por abrir una ventana, llevar las manos sucias, lavárselas o silbar. Naturalmente, el instrumento último de control era la constante amenaza de despido; es decir, el desempleo era una forma particularmente dura de refuerzo negativo, y el castigo podía suponer la muerte por hambre.

Este ejemplo explicita lo que queda invariablemente latente siempre que se discute el control de la conducta dentro de instituciones sociales jerárquicamente organizadas, a saber, que en el seno de un contexto social jerárquico, el control de la conducta opera en sentido descendente y la conformidad lo hace en sentido ascendente. Todas esas discusiones son realmente discusiones sobre el poder que cierta gente (la que se halla en la cúspide) tiene sobre otra (la de la base). Este es un aspecto del problema que frecuentemente se pasa por alto mientras se declara fervientemente la necesidad de una cuiencia del control de la conducta moral y éticamente neutra.

Pero, el control del comportamiento laboral mediante prácticas brutales no es la única forma de control de la conducta que pretendía pasar por ser muestra de la preocupación por el bienestar moral de los pobres. El argumento de Spencer de que los mal encaminados esfuerzos de la legislación social no debían interferir en el proceso purificador de la naturaleza fue un buen apoyo sociobiológico para quienes se oponían a cosas tales como la educación pública universal, como es el caso de la argumentación que sigue, formulada por el presidente de la organización científica más prestigiosa de Inglaterra, la Royal Society:

“Dar educación a las clases trabajadoras pobres… se demostraría en efecto perjudicial para su moral y su felicidad. Les enseñaría a despreciar su lugar en la vida, en lugar de convertirlos en buenos braceros agrícolas o hacerles ocupar cualquier otro industrioso empleo al que su nivel social los ha destinado… les capacitaría para leer panfletos sediciosos… los volvería insolentes con sus superiores”.

La forma específica del argumento sociobiológico varía, dependiendo del estado de la teoría biológica contemporánea y la naturaleza de los pactos sociales, ya sean reales o imaginarios, que el argumento pretende ratificar. En el caso de Spencer no existía aún la teoría evolucionista moderna, pero la noción de la “supervivencia del más apto” gozaba de gran predicamento popular. Fue la clave con la que quiso explicar la esencial inevitabilidad biológica de los pactos económicos y políticos del laissez-faire. El propósito de su argumentación, más específicamente, era probar que las características predatorias que aparecían en cada una de las manifestaciones de la sociedad victoriana estaban determinadas biológicamente por la naturaleza intrínseca de la especie humana y que, por tanto, la rapiña “debe sufrirse y los sufrimientos deben soportarse… ninguna reforma que los hombres introduzcan o puedan introducir los hará disminuir un ápice”.

A fin de demostrar lo que se había propuesto demostrar, Spencer empezó, como habitualmente hacen los sociobiólogos, por presentar como evidentes por sí mismos, para cualquier observador racional, los aspectos de la sociedad que el argumento pretendía explicar. Para cualquiera que viviera en Inglaterra alrededor de 1850 debía resultar obvio que la realidad social estaba marcada por una vasta lucha por la existencia, cuyos resultados eran las grandes diferencias en riquezas, poder y condiciones de vida existentes entre las clases altas y bajas. Spencer, sin embargo, metía en la descripción una colección de asertos destinados a impedir que se pensase siquiera en la posibilidad, plausible por otro lado, de que algunas formas de desigualdad social se deben a factores inherentes al modo imperante de organización social y que podrían modificarse utilizando medios sociales. En el caso de la pobreza, por ejemplo, la pretensión de determinismo biológico estaba ligada a una descripción en la que había no menos de ocho adjetivos fuertemente cargados caracterizando a los pobres. Estos, como resultado, aparecían completamente faltos de virtud moral y, por consiguiente, como responsables de su propia condición. Cuando el propósito de un argumento sociobiológico es justificar la jerarquía socioeconómica reinante, el paradigma consiste a menudo en lo que William Ryan ha denominado adecuadamente “culpar a la víctima”. Los términos utilizados por Spencer (ocioso, débil, perezoso, desordenado, enfermizo, imbécil, lento y desleal) estaban evidentemente destinados a describir miembros de las clases menos favorecidas, a los que la naturaleza (oponiéndose a la interferencia humana) “excretará” segura y benevolentemente de la sociedad humana. El lector del argumento de Spencer se veía inexorablemente obligado a inferir que los seres humanos que poseyeran las cualidades contrarias (industriosidad, fuerza, diligencia, organización, salud, inteligencia, rapidez y lealtad) se contarían naturalmente entre los miembros de las clases altas.

Spencer se consideraba a sí mismo un gran optimista. Su “progresivismo” (implícito en su defensa de la economía política de laissez-faire) se basaba en la idea de que, mediante la suprema ley universal de la competencia, la humanidad se dirige hacia “la mayor perfección y la felicidad más completa”. La naturaleza, dejada a sí misma, sin ser estorbada por interferencias humanas del tipo de “planes para cambiar el mundo”, se encargará de asegurar el inevitable progreso mediante la benevolente eliminación de los no aptos, análoga a la relación predador-presa en el mundo animal, en el que la tarea del predador es:

“eliminar al enfermizo, al deforme y al menos veloz o potente… Así se impide toda degeneración de la raza por la multiplicación de sus representantes menos valiosos. Se asegura también el mantenimiento de una constitución completamente adaptada a las condiciones del entorno y por consiguiente productora de un grado máximo de felicidad”.

¿Qué puede significar “felicidad” en este contexto? No puede referirse a la experiencia de los miembros individuales de una especie, porque según el proceso de selección natural acaba con las presas menos hábiles en escapar, produce también una raza de cazadores más eficacdes. La noción de perfectibilidad se viene abajo porque en la vida predatoria el grado relativo de inseguridad permanece inmutable. Como la mahyoría de las formas de razonamiento sociobiológico, la argumentación spenceriana se basa en una analogía entre el mundo animal y la sociedad humana cuyas premisas no justifican sus conclusiones. Pero para los apóstoles de la competencia económica del laissez-faire, el atractivo del darwinismo social trascendía a las cuestiones de lógica.

Para hombres como Andrew Carnegie y John Rockefeller, la evolución era o un sustituto de la teología (Carnegie) o la marca de la ley divina en los asuntos de los hombres. De esta forma, las pequeñas empresas que Rockefeller aplastaba en su ascenso sucumbían no a la avidez (de dinero y de poder) humana, sino a la ley natural y a la inevitabilidad social.

Qué poco han cambiado las cosas desde entonces; solo que ahora ya no es la ley natural divina, ni la inevitabilidad social los que rigen la economía, sino algo igual de intangible y difuso: los mercados.

TZI

Esta entrada fue publicada en Sociología y etiquetada , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

9 respuestas a SOCIOBIOLOGÍA BÁSICA

  1. melarrakis dijo:

    Ahora ya sabemos que el desarrollo neuronal es básico que al feto le lleguen las.vitaminas adecuadas y que la madre no consuma alcohol ni fume. Un bebé nacido en estas condiciones tiene ya medio camino hecho, con amor y una buena educación podrá llegar a ser Einstein. Dará igual que sus genes sean blanquitos que de una aldea de la India. Y si me apuras igual de la India nos salen mejores matemáticos. Al fin y al cabo ellos inventaron el álgebra. (aunque Zetaparo piense que fueron los árabes de su querida Alianza de Incivilizaciones).

    • hasenroniz dijo:

      Así es, una buena educación y mucho amor es lo que necesitan; lo de los genes es un camelo total… hemos vuelto a caer en su trampa.

    • hasenroniz dijo:

      Una buena educación y mucho amor es lo que necesitan, así es querido amigo; lo de los genes es otro cuento que nos han conseguido colar.
      En cuanto al amigo Zetaparo ha conseguido aprender matemáticas precisamente con su fuerte: el paro (400 € pa tos, hacen un total de tres millones de parados más, jo que arte – ¡pa matarte, joput…!)

  2. varín dijo:

    lo triste del asunto, es que a pesar de la magnífica exposición que nos traes, muchos dirán que es historia, y que “hoy día ya no pasa eso” ( y eso que el artículo lo deja bien claro: “qué poco han cambiado las cosas desde entonces” ), que somos unos exagerados y que ahora todos viven bien y tienen acceso a todo, y “a educación por supuesto”;

    Y bueno; eso es falso: “educación” recibirán todos, pero no se Educa a nadie hoy día;; si no tienes dinero se te lleva a clase como a todos, pero vas a ser estigmatizado y apartado;; si en cambio tienes mucho, también se te lleva a clase, pero sólo para conseguir papeles con firmas y aprobados para la galería, sin necesidad de más respaldo que el dinero.
    Y si destacas en su “educación”, en un demasiado alto porcentaje significará que han conseguido otro perpetuador de lo mismo: objetivo cumplido ( es un ignorante que lo sabe todo y que continuará con el sistema de buen grado ).

    Buen artículo, cuyo contenido imagino que no estará en “los planes de estudio”, no vaya a ser que los alumnos con capacidad de pensar por sí mismos ( casi todos ) y que la ejercen ( unos pocos ) puedan señalar con el dedo y con la evidencia, y justamente….

    Abrazos

    • hasenroniz dijo:

      Gran parte de la legislación, aunque no queramos creérnoslo, sigue favoreciendo a los ricos; el sistema los defiende de la chusma; miremos si no cuántos banqueros están en la cárcel, cuando se supone que gran parte de la responsabilidad ante esta grave crisis que padecemos es suya; y lo mismo con los políticos, etc. Y a los pobres nos siguen revisando las declaraciones de la renta, ahogándonos a impuestos, bajándonos los salarios que cada vez difieren menos de los de antaño, etc., etc., etc. Nos creemos más libres, mejor informados, más iguales,… ¡puta mentira! ¡Cómo nos siguen engañando! ¡Qué ilusos somos! Cada vez somos más esclavos, pero no nos damos cuenta de ello, fundamentalmente porque no queremos darnos cuenta de ello.
      Muchas gracias varín. Un fuerte abrazo.

  3. mrvz dijo:

    Muchas gracias por este excelente artículo.
    Saludos de una nueva lectora.

  4. Miguel dijo:

    Amigos:

    Las escuelas fueron pensadas y diseñadas -por el poder – para producir, a través de la aplicación de fórmulas, seres humanos estandarizados cuyo comportamiento pueda ser predecible y controlado.
    Este absurdo sistema te obliga a sentarte en lugares recluidos para gente de la misma edad y clase social, te aparta de la inmensa diversidad de la vida y de las sinergias de la variedad.
    De hecho castra tu propio ser y futuro, acoplándote a un presente continuo igual como lo hace la televisión. Una forma solapada – no tanto – de crear seres humanos dependientes,incapaces de iniciar senderos que le den un significado sustancioso y feliz a su existencia.

    Un Gran Abrazo
    M.

    • hasenroniz dijo:

      Perfecto Miguel, totalmente de acuerdo; lo increíble es que la mayoría de la gente no se dé cuenta y presuponga que la escuela es lo mejor, un gran adelanto, una gran victoria de las clases bajas; y si no fuese por esa enormidad de gente que no quiere pensar por sí misma, todos estaríamos educando a nuestros hijos fundamentalmente en casa, donde se puede inculcar esa diversidad que existe entre todos nosotros; mi hijo de 7 años, todo lo que sabe (leer, escribir, sumar, restar, inglés…) lo aprendió en casa conmigo, y va a la escuela para jugar con sus amigos y poco más (eso sí, 200 € en libros para no aprender nada nuevo).
      Abrazos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s