EL CONTINENTE DE MU

Hans Stephan Santesson, en su obra “Le dossier Mu” da la siguiente explicación: “La descripción del continente de Mu se basa en los archivos indios y mayas, en una tablilla de la isla de Pascua, en un documento de Lhasa en el Tibet, y en nuestro caso preciso, en el manuscrito llamado Troano, del nombre de su propiertario español, don Juan Tro y Ortelano, profesor de paleografía de la Universidad de Madrid, el cual enseñó dicho documento al abate Brasseur, autorizándole a copiarlo. Este texto tendría unos 3500 años de antigüedad, y en el mismo se trata de un cataclismo que al parecer destruyó Mu, según Brasseur y Le Plongeon, a lo largo de la costa de Yucatán, y también la Atlántida.”

Según James Churchward, y otros científicos, Mu era un país tropical con praderas inmensas, colinas no muy elevadas y cubiertas de una lujuriante vegetación; debía ser una especie de paraíso tropical en el que vivían unos sesenta millones de seres humanos, gozando de paz, tranquilidad y bienaventuranza. Allí vivían diez tribus distintas bajo el mando de un gobierno único y una misma religión.

Muchos autores sitúan al continente de Mu en pleno Pacífico, siendo muchas de las innumerables islas e islotes de este océano las elevaciones del continente que no fueron engullidas completamente por las aguas, al igual que se supone respecto a las islas Canarias, Madeira y Azores acerca de la Atlántida.

De acuerdo con la teoría más aceptada, el continente de Mu debió hundirse a causa de un inmenso cataclismo. Después, fueron sucediéndose los movimientos sísmicos y volcánicos, configurando la posición de las islas del Pacífico, entre las cuales la de Pascua, así como el repliegue que forma la cordillera de los Andes. Los supervivientes de tal catástrofe debieron refugiarse en cavernas o valles bien abrigados.

En este continente nació seguramente una cultura excepcional que vivió largos siglos en la prosperidad. Sus habitantes, los uighures, gozaron de una época política y socialmente equilibrada, sin hambrunas ni miserias. No olvidemos que, en la más remota antigüedad, surgieron periodos de espléndido florecimiento, durante los cuales se gestaron elo futuro mitológico e histórico de los pueblos.

Algunos creen que hace más de 15.000 años existió una inmensa masa terrestre, hundida ahora en las profundidades del océano Pacífico, que abarca la mayor parte del mismo. Cuando se hundió, dio tiempo a sus habitantes, o al menos a los más avisados, a ponerse a salvo en dirección a otras regiones u otros continentes más seguros y acogedores.

Es bastante probable que los uighures llegaran a las costas sudamericanas, si es que estaba tal continente separado de África.

El cronista judío Fernando de Montesinos afirma que los antiguos peruanos, tal vez incluso anteriores a los incas, conocían el secreto de la escritura, y que escribían sobre hojas de platanero, lo que prohibió el inca Topu Caui Pachacuti VI de la dinastía reinante. Este rey fue aconsejado por sus magos, sus curanderos y sus hechiceros, que le asustaron con augurios de enormes desdichas por tales conocimientos. Le recomendaron quemar las hojas de las quilcas y que condenase a muerte a los que las utilizasen.

Los investigadores europeos de la época del descubrimiento de América, advirtieron que la civilización incaica escondía numerosos misterios y contradicciones. Era como si estuviera basada en otras culturas y civilizaciones, no solamente americanas sino también asiáticas. Es preciso observar que las ruinas de Petra y Baalbek conservan misterios impenetrables, y contienen muchos puntos de similitud con las pirámides, por ejemplo, de Pachacamán y Chan Chan.

También, el inca mencionado que prohibió la escritura bajo pena de muerte, Topu Caui Pachacuti VI, actuó igual que el emperador chino Cheng Hoang Ti, que en el 200 a. C., ordenó quemar todos los libros existentes en el imperio, porque había leído que el ser humano es bueno y sólo se corrompe con la lectura. Fue en China donde se sustituyó el antiguo sistema de escritura por otro a base de nudos, mucho más rudimentario.

De Mu debieron salir todas las nociones de civilización y religión. Las demás culturas, civilizaciones y religiones posteriores sólo fueron burdas imitaciones de todo lo aportado por los fugitivos de Mu.

El inca Garcilaso relata en sus ‘Comentarios reales’, las circunstancias que, según él, dieron origen a su raza: “Has de saber que antaño estas tierras eran solamente montes y estepa. Los hombres vivían como animales, sin disciplina, sin fe, sin leyes y sin costumbres. Ignoraban qué era el vestido, la vivienda y la agricultura, ni sabían plantar el algodón ni menos hilar la lana. Entonces, nuestro padre, el dios Sol, se compadeció de ellos y les mandó desde el cielo un hijo y una hija para instruirles… El hijo era Manco Capac y la hija Mamá Ocllo Huaco, cuya sangre no se podía mezclar con otra vulgar. El Inca, por tanto, solamente podía unirse con su mismo linaje para que no cesara de brillar el gran esplendor de la estirpe”.

Garcilaso prosigue diciendo que los dos debían ser respetados en calidad de dioses, pues llegaban con la misión de imponer las leyes y mejorar la vida en general, pues los seres humanos dejarían de vivir como animales, y ellos les enseñarían a vivir como verdaderos hombres.

Con este encargo y esta orden, nuestro padre el Sol los trasladó a ambos a una isla del lago Titicaca, para que desde allí escogiesen su camino de acuerdo con su parecer. Para su peregrinaje les entregó a cada uno una vara de oro. En sus sitios de reposo tenían que clavarla en tierra y allí donde desapareciera bajo el suelo al primer golpe, allí se quedarían, construirían una ciudad y establecerían su reino.

Asimismo, el dios Sol les ordenó que en primer lugar enseñaran a aquel pueblo a serle fiel y que reinaran sobre ellos con inteligencia, justicia y amor, pues él era el principio de todo. A ellos los nombró reyes y dueños de aquellos poblados.

Más tarde, cuando el dios Sol los abandonó a su destino, la pareja divina inició su preregrinaje en busca de la tierra prometida, que encontrarían mediante la mágica vara de oro.

Después de una larga travesía, arribaron finalmente al valle del Cuzco, que en realidad era un territorio desierto y árido, donde descansaron; a continuación, el inca y su hermana lanzaron el talismán de oro, que se tragó el suelo rocoso. Entonces, el Inca le dijo a su hermana y esposa: “Inti, nuestro padre, el Sol, nos manda quedarnos en este valle, poblarlo y reinar en él”. Y esto es lo que se aprestaron a cumplir las dos divinidades transformadas en seres terrenales.

Cuando las gentes del desierto vieron a los dos Incas ataviados con las magníficas vestiduras que nuestro padre el Sol les había dado, tanto por sus rostros claros como por sus sabias palabras, les reconocieron y respetaron como hijos del Sol.

Los indios se confiaron a la pareja real y se convirtieron en sus siervos. Todos acudían a postrarse a sus pies y respetarles, porque los “dioses terrenales” les enseñaron a labrar la tierra, construir chozas e hilar la lana, de modo que desapareció del país el hambre, así como el frío.

De estos fragmentos de la obra de Garcilaso de la Vega pueden extraerse tres puntos de referencia que refuerzan la teoría de las dos expediciones al Oeste y al Este, de los fugitivos del continente de Mu.

Garcilaso se refiere al dios Sol, que envía a la Tierra un hijo y una hija para que civilicen a esos pueblos que vivían en la barbarie, en tierras estériles e inhóspitas, sumidos casi en un estado de salvajismo total. Esos pobladores son de una raza diferente, aunque fueron bien recibidos al momento por sus rostros claros y sus vestimentas. ¿No podría tratarse acaso de una expedición secundaria que los uighures organizaron hacia las tierras lejanas al mando de alguno de los suyos?

¿Sería posible que se tratase de dos sacerdotes muvianos a cuyo cargo estaría la conservación y la propagación de la cultura y posiblemente de la primera religión que tuvo el mundo, y que, dotados de poderes ignorados por nosotros y otorgados a ellos por un soberano de Mu, llegaron a esos terrenos baldíos, donde la gente vivía en un estado de salvajismo inenarrable?

¿Qué significado tiene la “vara de oro”, según cuenta Garcilaso, dada a la pareja, que poseía la virtud de reconocer el territorio en el que debían instaurar el nuevo reino, sólo por el simple hecho de hundirse en la tierra? ¿No poseía Moisés también una vara de oro con la que podía detectar radiestésicamente los manantiales y pozos de agua durante la travesía del desierto?

La vara de oro de la pareja enviada por el Padre Sol, parece ser una herramienta perteneciente a una civilización sumamente avanzada. Es posible que en realidad se tratara de un instrumento detector sísmico o magnético para localizar terrenos de origen volcánico. También podía tratarse de un artilugio útil para detectar la humedad del terreno y, por consiguiente, la fertilidad del mismo.

Todos los expertos en estas culturas americanas siempre distinguen entre incas e indios, si aceptamos la denominación dada por Colón a los naturales de aquel nuevo continente. Los incas se caracterizaban por su origen extranjero, o sea, por su tez clara, sus conocimientos especiales, realmente excepcionales, su inteligencia y el lenguaje ininteligible para los nativos. Y estas diferencias obligan a preguntar quiénes eran en realidad esos “extranjeros”, llegados del océano con afanes de conquista, que fueron capaces de mantener a su raza en un estado de pureza absoluta.

TZI

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6 respuestas a EL CONTINENTE DE MU

  1. melarrakis dijo:

    Por eso se explica gran parte de la facilidad con la que unos blancos a caballo conquistaron el Imperio Andino. Era tal y como estaba predicho. Los dioses blancos volvían…o eso creyeron.

  2. dominique dijo:

    Apasionante como siempre, estoy enganchada! Ahora se me hacen más auténticos los libros que leí, asi como las similitudes que se encuentran a lo largo de la historia, por ejemplo (uno entre tantos) los matrimonios entre hermanos durante el reino de los faraones.¡Ojala se descubra la VERDAD algún día! No quiero ni pensar en las consecuencias, se tambalearían los cimientos de tantos conocimientos…
    Gracias y un abrazo.

    • hasenroniz dijo:

      A mí me pasa igual, ahora relaciono mucho mejor las cosas, por eso he decidido ir poco a poco con estos temas y cuando tenga suficiente información, obtenida fundamentalmente de los mitos, me pondré a escribir un libro con mis propias teorías. Vosotros me estáis ayudando mucho, al leerme y al comentar los artículos. Gracias.

      Un abrazo.

  3. Miguel dijo:

    A los que podían hacer lo que la raza humana no podía se los denominó “dioses”.
    Se nos inculcó acatarlos y venerarlos.
    Seres con grandes capacidades y muy avanzado nivel – no terrestre – de conocimiento, sabiduría y manejo de energías, dejaron y/o transmitieron a distintas y muy distantes culturas originarias de la tierra “soluciones” a nuestra crisis de estancamiento evolutivo.
    Eran “dioses” que llegaban con sus leyes a nuestro proceso de crecimiento y maduración,

    Una posibilidad
    Antes de “Mu”, al sur oriente de áfrica, océano índico, en esta zona, se había asentado la cultura lemuriana, esta zona se tornó inestable por los movimientos sísmicos los que llevó a explorar el mundo viajando hacia el este , de esta manera nació Mu, en el pacífico sur.
    El entorno climático y geográfico era distinto al actual, ya que la antártida se hallaba ubicada a la altura que hoy ocupa la Patagonia Argentina, y gozaba de un clima estable y equilibrado.

    Otra ciudad
    Existió otra ciudad lemuriana que la llamaron Kayona, – sitio dónde supuestamente se encontraría aquella “piedra” traída a nuestro mundo – , nombre propio de su cultura y que significa: «Todos somos uno”.

    Cataclismos
    La paz sería interrumpida por la violencia del proyecto atlante, con la catástrofe atlante nuestro mundo experimentó un violento e inesperado cambio de eje, que sepultó tierras antes templadas bajo el manto de un hielo polar. Kayona quedó ubicada más al sur, a cientos de metros bajo el paisaje blanco de la actual Antártica. y “Mu” sumergida en el mar.
    Esta asombrosa posibilidad, hoy es considerada por numerosos investigadores.

    Leyenda
    Existe una leyenda: la del caballero Parsifal, inmortalizado en un enigmático poema que habría sido escrito entre los años 1150-1170 por el trovador alemán Wolfram Eschenbach y sirvió de modelo para la ópera «Parsifal» de Ricardo Wagner.

    Seguimos investigando, atentos y vigiles. pero fundamentalmente compartiendo !!
    Un Gran Abrazo
    M.

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