LA VERDAD SOBRE LAS ENFERMEDADES CARDIOVASCULARES

Según el médico e investigador alemán Matias Rath, la carencia crónica de vitamina C es la causa fundamental de todas las enfermedades cardiovasculares, ya que es absolutamente esencial para mantener en buen estado las arterias. Para Rath, tanto el exceso de colesterol y triglicéridos, como la hipertensión, no son sino factores secundarios de riesgo. Por tanto, los tratamientos actuales carecen de sentido.

Ante el clarísimo aumento continuo de enfermos y fallecidos por las patologías cardiovasculares, cerebrovasculares y otras dolencias cardiacas, cabe inferir que, o bien las teorías más aceptadas sobre las causas de las enfermedades circulatorias no son correctas, o bien los medicamentos se limitan únicamente a paliar síntomas, sin solucionar la raíz del problema, pero con graves efectos secundarios; o las dos cosas, como opino yo.

Después de más de dos décadas de investigaciones, Matias Rath ha llegado a la conclusión de que todas las patologías cardiovasculares se inician por una deficiencia crónica de vitamina C y otros micronutrientes esenciales, especialmente aminoácidos y enzimas.

El endotelio tiene una función fundamental en nuestro organismo al ser la capa de células que cubre el interior de los vasos sanguíneos, una epidermis que facilita el desplazamiento de la sangre y de cuyo estado depende la circulación sanguínea. Las células endoteliales consumen gran cantidad de energía, debido a su activo metabolismo. Rath asegura que las paredes endoteliales se deterioran (se agrietan) cuando al organismo le faltan de manera crónica determinados micronutrientes. El organismo intenta reparar este deterioro recubriendo las grietas con colesterol, más concretamente con la lipoproteína (a).

El problema de este mecanismo reparador es que las partículas que circulan por la sangre se pegan al colesterol, formando lo que conocemos como placas arterioscleróticas que, al ir aumentando con el tiempo, pueden impedir el flujo de la sangre. Este mecanismo es utilizado especialmente en los lugares de mayor tensión, en las arterias coronarias que más sufren el esfuerzo mecánico del corazón. Por eso, los infartos de miocardio constituyen la manifestación clínica más frecuente de la enfermedad cardiovascular.

Las afirmaciones de Rath están avaladas por numerosos estudios científicos realizados por su propio instituto de investigación, así como por una amplia documentación científica procedente de todo el mundo, que confirma el beneficio para la salud de la ingesta de micronutrientes.

Nuestro organismo no es capaz de sintetizar la vitamina C (a diferencia de la mayoría de los animales, que apenas sufren este tipo de patologías), y por eso requiere ingerirla prácticamente a diario.

La vitamina C, que puede encontrarse en forma de ácido ascórbico, ascorbato cálcico, ascorbato sódico, ácido cevitámico o ácido hexurónico, es fundamental en al menos ocho procesos orgánicos. El más importante es quizás la formación de colágeno, proteína imprescindible en los tejidos que dan soporte a nuestro organismo, como los cartílagos, la matriz ósea, los ligamentos, la piel, los tendones, las paredes arteriales, etc. La alteración de esta función se manifiesta a través de una serie de síntomas, que van desde la dificultad para cicatrizar o reparar fracturas, hasta hemorragias en la piel o lesiones en las encías.

Su carencia provocaba antiguamente el escorbuto, cuyos síntomas eran debilidad y dolor muscular y articular, así como múltiples hemorragias espontáneas que acababan causando la muerte. Los primeros ensayos controlados de la historia de la Medicina, a cargo de James Lindt en 1756, dieron con la solución a la enfermedad (zumo de limón y naranja) y se terminó así con la epidemia de escorbuto.

La relación entre la vitamina C y el estado del sistema circulatorio es pues evidente y conocida desde hace más de dos siglos, pero Rath va más allá y explica: “Las enfermedades cardiovasculares son en realidad una forma temprana del escorbuto. En ambos casos, la falta de vitamina C en las células cardiovasculares provoca la aparición del trastorno. En el caso del escorbuto, el agotamiento total del ascorbato del cuerpo lleva a la disolución de la estructura de las paredes arteriales causando hemorragias y, en última instancia, la muerte. En las enfermedades cardiovasculares la carencia de ascorbato aumenta poco a poco a lo largo de los años provocando la necesaria reparación de las paredes arteriales y, por ende, la formación de placas”.

La teoría de Rath reinterpreta el papel de los depósitos arterioscleróticos, que pasan de ser algo totalmente negativo a ser un mal necesario, es decir, el recurso de emergencia que emplea nuestro organismo para taponar las grietas sufridas en el endotelio por la carencia de nutrientes, especialmente de vitamina C. Y es su presencia lo que permite a las arterias mantenerse fuertes sin necesidad de recurrir a las placas grasas como remedios ocasionales para tapar las grietas que provocan su déficit.

La importancia del papel de la vitamina C en nuestras arterias ya quedó establecida en los años 30 del siglo pasado por los médicos canadienses J. C. Paterson y G. C. Willis. Pero, los resultados de sus experimentos fueron totalmente ignorados por la clase médica dominante.

Linus Pauling, premio Nobel de Química en 1954 y de la Paz en 1962, escribió: “La mayoría de las personas en el mundo padece una enfermedad causada por una deficiente ingesta de ácido ascórbico, una enfermedad que Stone [Irwin Stone] denominó hipoascorbemia. Esta enfermedad parece estar presente debido a un accidente evolutivo que ocurrió hace muchos millones de años. Los antepasados de los seres humanos (y de sus parientes actuales, otros primates) vivieron probablemente en un área en la que las comidas naturales disponibles les proveían de cantidades muy grandes de ácido ascórbico (muy grandes comparadas con las cantidades normalmente ingeridas ahora y con las normalmente recomendadas hoy por médicos y otras autoridades en Nutrición), pero algún tipo de mutación les anuló la capacidad natural de fabricar el ácido ascórbico dentro de su propio cuerpo”.

Pauling denunció que la cantidad de 60 mg por día recomendada por la FDA (que es la misma que recomiendan las autoridades sanitarias españolas) es ridícula, entre 30 y 300 veces menor que la concentración encontrada en otros mamíferos. Necesitaríamos ingerir entre 2 y 20 gramos diarios para tener el mismo nivel de ascorbato que los animales.

En 1991, Pauling y Rath presentaron conjuntamente a la comunidad científica internacional su revolucionario descubrimiento: “La causa primaria de la enfermedad cardiovascular humana es la deficiencia de ascorbato, que lleva a la deposición de lipoproteína (a) en la pared vascular”. Pero, apenas fueron escuchados.

Desde entonces, el trabajo de Rath se ha dividido entre nuevos estudios que avalan sus conclusiones y la lucha contra, en sus propias palabras, “las tácticas de los grupos económicos para ocultar la existencia de métodos naturales para acabar con los infartos y otras dolencias vasculares”. Un momento crucial en esa lucha fue el intento de las multinacionales farmacéuticas de que las vitaminas pasaran en EE.UU. a tener la consideración de “medicamentos”. No lo consiguieron. Sin embargo, explica Rath, “tras perder esa batalla, la industria farmacéutica decidió reagruparse a nivel internacional, y en 1995 lanzó una campaña mundial para declarar ilegal toda la información relacionada con las vitaminas y con las terapias naturales no patentables. Y, con tal fin, el cártel farmacéutico ha llegado incluso a aprovecharse de instituciones políticas internacionales como el Parlamento Europeo o la Comisión ‘Codex Alimentarius’ de las Naciones Unidas”. Una amenaza que sigue vigente.

Quizás ahora pueda tener mucho más sentido para algunos todo el tema de la llamada ‘crisis de los pepinos’ y las acusaciones sucesivas a productos vegetales que se comen crudos, que son precisamente los que mayor contenido en vitaminas tienen. No quieren que comamos frutas ni verduras, y menos si son orgánicas y/o ecológicas. No quieren que estemos sanos; no es bueno para el negocio. Pero, amigos, no nos dejaremos, juradme que no lo haréis. Comed sano y evitad medicaros en lo posible. El disfrutar más plenamente de la vida lo merece. Si no, ¿para qué estamos aquí?

TZI

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10 respuestas a LA VERDAD SOBRE LAS ENFERMEDADES CARDIOVASCULARES

  1. Tú si que vales. Desde luego el anuncio ese del perro Rastreator que te busca ofertas de seguros de coche se ha quedado pequeño. Tú eres el RASTREATOR por excelencia que descubres las vergüenzas de la Farmafia en su alianza económica con el NWO, con el que, como ya te imaginas,tengo algo ya personal en su contra.
    Un fortísimo abrazo. Y hasta pronto.

  2. dominique dijo:

    Muy interesante, gracias.La verdad es que vamos por mal camino, sobre todo para los niños a quienes los padres no les obligan a comer verduras por falta de tiempo, de interés o simplemente para no “contradecirles” en sus gustos y por más inri les dejan hincharse de bollería fuente inequívoca de colesterol. Me he dado cuenta, después de leerte que en los pueblos hay muy pocos fallecimientos por accidentes cardiovasculares y he caido en la cuenta que sus habitantes comen mucha verdura de temporada cultivada por ellos.Tampoco me había fijado en que los animales no tienen este problema, mis gatos van mucho a comer hierba y sino se comen mis plantas y pienso ahora que no es sólo para purgarse. Creo que efectivamente tenemos que concienciarnos que la buena alimentación es nuestro pasaporte a la salud y que tampoco la vitamina c es tan difícil de conseguir, ¿no recomiendan comer cítricos para combartir un simple contipado? En España la dieta mediterranea es un regalo para el organismo y tenemos todos sus ingredientes a mano o sea que no hay perdón.
    Gracias, un abrazo.

    • hasenroniz dijo:

      La mayoría de las enfermedades, si no todas, dependen de lo que comemos (y, por supuesto, también de lo que no comemos), y está claro que estas plagas modernas son debidas al abuso de mala comida y que cada vez comemos menos frutas y verduras, que nos proporcionan nutrientes esenciales para mantener una buena salud, y el que no lo quiera ver así y necesite grandes estudios financiados por las multinacionales farmacéuticas y alimentarias cuyos intereses van por otro lado, pues allá él, pero cuando luego le toque el castigo divino de una enfermedad mortal de cerca, que no se queje absolutamente de nada, más que de que Dios está siendo muy malo con él, que así se han solucionado desde siempre estas cosas.

      Gracias a ti Dominique. Un abrazo.

  3. nadiemejorquenadie dijo:

    Creo que se lo voy a mandar a mis contactos.
    Gracias hermano.

    • hasenroniz dijo:

      Ojalá alguien nos haga caso y se puedan evitar casos nuevos, que hasta que no nos pasan de cerca no sabemos lo malos que son.
      Gracias a ti, por leerme y por difundirme, por estar ahí.
      Un abrazo.

  4. Miguel dijo:

    Todo indica que necesitamos pensar en una nueva generación de teorías, abiertas, racionales, críticas, reflexivas, auto-críticas y sobre todo: aptas para “auto-reformarnos”.

    Que cantidad de sufrimientos se han causado por los “errores” y las “ilusiones” a lo largo de la historia humana. Este siglo nos debe encontrar con la vitalidad suficiente para encarar el combate hacia la lucidez.
    Nos encontramos -en esta instancia- en el poder tener acceso a la información, para luego articularla. Acceder, articular y organizar los conocimientos -reconocer y conocer-.

    Es necesario una reforma paradigmática y no programática del pensamiento , de la educación y sobre todo de nuestra aptitud hacia el conocimiento.

    Un Gran Abrazo
    M.

  5. Miguel dijo:

    Amigo Hasenroniz

    Agradecido por compartir el fruto de tu esfuerzo diario !!
    Excelente y amena narración sobre temas complejos. Qué tú los planteas con una impecable sencillez, además, por más que sean de “otros” tiempos tienen la singularidad de ser de una notable actualidad.

    Gracias por orientar nuestra tarea de pensar.
    Un Abrazo !!
    M.

    • hasenroniz dijo:

      Gracias a ti Miguel por leerme y por tus cometarios, que siempre aportan algo. Tienes razón cuando dices que deberíamos cambiar de paradigmas, el primero que el esfuerzo no se mide únicamente por una contraprestación económica y menos cuando se realiza a costa de lo que sea, sin importar efectos secundarios o colaterales; cuando solamente interesa el beneficio económico de cada acción, éstas pueden volverse totalmente antinaturales y antihumanas, y así nunca podremos realmente evolucionar, por muchos trastos que tengamos alrededor.

      Un abrazo

  6. Pingback: Las enfermedades cardiovasculares | Schiaffino

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