WERNHER VON BRAUN

Wernher Magnus Maximilian von Braun nació el 23 de marzo de 1912 en Wirsitz, Prusia, hoy en Polonia. Su padre era el barón Magnus Alexander Maximilian von Braun, y su madre, la baronesa Emma von Braun (de soltera, von Quistorp). Wernher era el mediano de tres hermanos, Sigismund, un año mayor, y Magnus, siete más pequeño.

Wernher creció, en sus primeros años, en el entorno de la pequeña aristocracia alemana, de casas señoriales atendidas por una extensa servidumbre, tierras trabajadas por campesinos al servicio del barón, y un entorno refinado, cultural y de buenas maneras.

De joven, parecía inclinado hacia un futuro en el mundo de la música. Fue con motivo de su confirmación religiosa, a los quince años, cuando sucedió algo que reorientaría su vida. Como regalo para la ocasión, no recibió el habitual reloj y los primeros pantalones largos que les esperaban a sus compañeros luteranos; su madre, que tenía la astronomía como una de sus aficiones, le regaló un telescopio.

Así fue como comenzó a introducirse en el apasionante mundo de la observación estelar y planetaria. Combinado con los aires que corrían en la época, cuando los primeros relatos de ciencia ficción que trataban de viajes interplanetarios comenzaban a aparecer, el telescopio sería la chispa que haría nacer en Wernher su pasión por el espacio. Al joven se le empezó a quedar corto contemplar con su aparato la Luna y las estrellas y la idea del viaje espacial prendió ya en él en esa etapa tan temprana de su vida.

Ese mismo año de su confirmación, cayó en sus manos un panfleto en el que se veía un cohete rumbo hacia la Luna. Era un artículo escrito por el profesor Hermann Oberth, un joven físico de treinta años de origen transilvano que impartía clases en Rumanía. Atrapado por las ideas expuestas en aquel artículo, Wernher se apresuraría a comprar su libro, el hoy clásico “Die Rakete zu den Planetenräumen” (El cohete hacia el espacio interplanetario), tan sólo para quedar rápidamente desconsolado al ver su contenido: el libro estaba lleno de ecuaciones matemáticas, que el joven aficionado se veía incapaz de comprender.

En el colegio, se sumergió de forma casi compulsiva en el estudio de las matemáticas y la física, y a los dieciséis años incluso fue elegido por la dirección del colegio para sustituir a un profesor de matemáticas enfermo. Decidido a que sus alumnos no fallaran en su asignatura, voluntariamente comenzó a dar clases particulares a los menos aventajados. Al final del curso, su clase consiguió las notas más altas de todo el colegio.

Wernher ya apuntaba maneras en cuanto a liderazgo y capacidad de persuasión. De hecho, logró convencer al director para que comprase un telescopio de 125 milímetros para el colegio, al sentir que el suyo se le quedaba corto. Y aquí, damos un salto temporal a la época en que Wernher trabajaba para el Tercer Reich.

Hitler dio máxima prioridad al proyecto de un arma que hoy asimilaríamos a lo que es un misil balístico. Mientras se preparaban las líneas de producción y las fábricas subterráneas de Mittelwerk, von Braun y sus hombres seguían trabajando para que el arma pudiese realmente utilizarse con efectividad en el campo de batalla. No era fácil: a los continuos problemas técnicos y ajustes necesarios para un sistema absolutamente pionero en su campo, había que sumar los problemas de suministro. Las materias primas escaseaban, y los hombres de Peenemünde se veían obligados a menudo a cambiar los diseños con el único objetivo de usar un material alternativo porque el inicialmente propuesto no estaba disponible en las cantidades o plazos precisos. Todo ello ocasionaba serios retrasos que afectarían a la entrada en producción del nuevo misil.

Cuando el Führer aprobó el proyecto en julio de 1943, ya planeó que la nueva arma se utilizaría para atacar Londres. Deberían construirse treinta mil de estos misiles, a un ritmo de unos mil al mes, y el primer ataque debería tener lugar en octubre. Dornberger y von Braun habían escuchado al líder nazi en silencio: ambos sabían que aquello era imposible.

En realidad, la entrada en servicio del arma se demoraría hasta un año más tarde de lo que Hitler había solicitado. Para cuando el primer A-4 era disparado hacia París el día 8 de septiembre de 1944, las tropas aliadas ya se batían en el continente contra los nazis, tras completar su desembarco en Normandía tres meses atrás. La guerra aparecía irremisiblemente perdida para Alemania.

Ese mismo 8 de septiembre, tras el misil lanzado con éxito contra la capital francesa, otra unidad lanzaba dos cohetes más desde una ubicación cercana a La Haya (Holanda), en este caso contra Londres. La Vergeltungswaffe-2 era la nueva arma de la venganza que sucedía a la V-1. La propaganda de Goebbels convertiría así para la posteridad el cohete A-4 en la tristemente famosa V-2.

Wernher escribió en sus memorias los comentarios que todos hacían a los técnicos: “Podéis estar orgullosos de vuestra V-2. Es el único arma que los aliados no pueden parar. Es un éxito. Está golpeando Londres cada día”. “Sí -pensaría von Braun, de acuerdo a sus palabras-, es un éxito; pero estamos golpeando el planeta equivocado.”

Palabras prácticamente idénticas escribiría su colega Stühlinger: “Queríamos que nuestros cohetes volasen hasta la Luna y Marte, no que cayesen sobre nuestro propio planeta”. Sin embargo, el mismo von Braun confesaría en un par de ocasiones que no siempre sus sentimientos al respecto fueron tan inocentes.

En una extensa carta privada a uno de sus críticos, escrita en 1971, expresaba: “Me han preguntado muchas veces cómo pude producir armas de guerra… sólo puedo decir esto: cuando tu país está en guerra, cuando tus amigos mueren, cuando tu familia está en constante peligro, cuando las bombas caen a tu alrededor y pierdes tu propia casa, el concepto de bguerra justa se convierte en algo muy vago y remoto, y luchas por infligir al enemigo tanto o más [SUFRIMIENTO] como el que tú y tus familiares y amigos habéis sufrido”.

Algo similar quedaría reflejado en comentarios al periódico británico Manchester Guardian, publicados en 1977 con ocasión de su muerte. Según parece, von Braun había confesado no sentir demasiados remordimientos cuando comenzaron los ataques contra la capital británica: “Sentí satisfacción. Yo había visitado Londres un par de veces, y me encantaba el sitio. Pero amaba Berlín, y los británicos lo estaban bombardeando hasta los cimientos”.

Está claro que los horrores de la guerra pueden transformar al genio más equilibrado y racional del mundo. Si fue el caso de von Braun, quedó redimido ante la Historia tras ser el diseñador del cohete Saturno V con el que el hombre llegó a la Luna. Al menos cumplió el sueño que tuvo de joven…

TZI

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6 respuestas a WERNHER VON BRAUN

  1. dominique dijo:

    Una vida genial para un genio que podía haber sido mucho más constructiva si no se hubiesen cruzado unos acontecimientos terribles, ¿a cuántos más seres humanos le ha pasado eso? Por una parte creo en mi modesta opinión que poner su inteligencia al servicio de su pais no es ningún crimen. Además como bien dices se redimió pudiendo ver cumplido su sueño y si fue un conocido culpable de matar a sus semejantes, ¿cuántos anónimos están en su mismo caso?
    Un abrazo.

  2. nadiemejorquenadie dijo:

    Este tío era un asesino hijo de suta al igual que todo el que diseña armas, si no tienen una conciencia clara de cuando tiene uno que decir no, aunque cueste la vida, entonces ¿para que tenemos nuestros blogs y gritamos?, si luego admiramos a los asesinos que el sistema sionista marciano este nos presenta como héroes.
    Al igual que Einstein con su cartita…asesinos todos, Zapatero mandando aviones de la base de Zaragoza a Trípoli a bombardear…asesino, Aznar con lo de Irak…asesino…Los pilotos de los cazas que eligieron un trabajo que saben perfectamente a que les lleva…asesinos.
    No ensalcemos a los asesinos, llamemoslos por su nombre.
    Este ensalzar a los asesinos por parte de las propias víctimas, que somos los seres humanos, es lo que me da más pistas de la naturaleza de los que realmente mandan…psicópatas asesinos que disfrutan matándonos y ensalzan de entre lo humanos a quienes les hacen bien el trabajo

    • hasenroniz dijo:

      Sin duda, igual son los que disparan que los que les dan las órdenes, o les apoyan, o los que no les reprueban, es decir, casi todo el mundo; está claro que estamos completamente rodeados. También Einstein era masón… proximamente… aquí.

  3. FRamon dijo:

    LAS CONTRADICCIONES DEL HOMBRE
    Sólo diré que a Sadam lo colgaron por menos, después de haber servido a EE. UU. como perro faldero durante la guerra de Irán. Y también, que muchos de los que se sentaron en el banquillo de los acusados en Nuremberg, no eran más culpables, y en dicho juicio, al que menos, le cayó 20 años de cárcel.
    Y, por cierto, no fueron tan comprensivos con el nobel de literatura, Günter Grass, por tan sólo vestir de uniforme nazi con 18 años y sin ninguna responsabilidad de sangre sobre sus hombros, como las miles de muertes que pesaban sobre los de von Braun. Y no se trata de no ser comprensivo. Yo puedo admitir que tuvo la mala suerte de vivir en la época de Hitler, pero en esa coyuntura estuvieron otros muchos que luego colgaron de una soga. La dignidad de la persona debe estar por encima de la propia supervivencia cuando está en juego la vida de inocentes. Pero no nos engañemos: por las fotos que demuestran su cercanía a Hitler y por sus propias declaraciones de la época, en las que no existía ningún remordimiento, podemos concluir que no era un “científico secuestrado”. Se le veía muy libre en las fotos como para aceptar esa versión.
    Lo justo para la historia, para la dignidad humana y por respeto a las muchas víctimas de las V-1 y V-2, del Londres masacrado, hubiera sido juzgarle. Sería interesante escuchar a los familiares de tales víctimas. Y, desde luego, no soy adicto a la pena de muerte, pero librarle a él de la soga, hubiera requerido -por agravio comparativo-, que a otros les hubiesen conmutado la pena capital.
    Lo más triste, con todo, supone comprobar cómo la gran propaganda mediática desarrollada por EE. UU. para “dignificar” y borrar el pasado de von Braun, ha penetrado en el tejido social, y de qué modo la alienación colectiva ha funcionado. De criminal a héroe; buen título para un documental; algo así como la cuadratura del círculo. Definitivamente, aún falta mucho para la auténtica madurez del hombre.
    Salud.

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