KONRAD DANNENBERG

Formó parte de una elite de guerreros a los que ningún enemigo fusilaría. Desarrolló una destreza de tal índole en las ciencias de la muerte y la destrucción que fue siempre más valioso vivo para seguir matando que muerto para acabar la hecatombe. Fue una de esas incógnitas que conviene mantener a mano y despejadas por lo que pudiera pasar. Su patria fue siempre un exilio con residencia en la ciencia.

Enviaron tras ellos a espías, agentes especiales, negociadores diplomáticos, mujeres hermosas, proveedores de droga, equipos especializados en secuestros y golpes de mano… Lejos de líderes y caudillos y sin demasiado que ver con ellos, fueron las presas más codiciadas una vez concluida la batalla y muertos casi todos los demás combatientes. Las cifras de los caídos frente al soldado fueron siempre ridículas en contraste con la desolación que hicieron cundir estas cabezas ambiciosas que nunca dejaron de pensar en la Luna. Gracias a esa alteza de miras salvaron unos cuantos el pellejo.

‘El Buen Alemán’ se llama la película que Steven Soderberg realizó en 2006 sobre la novela de Joseph Kanon acerca de los esfuerzos de británicos, americanos y rusos en el Berlín de la Conferencia de Postdam para controlar a quienes trabajaron en las bombas volantes desarrolladas, entre otros, por Wernher von Braun. Por lo que respecta a los americanos, su operación Paperclip logró sacar de Alemania a Konrad Dannenberg junto con otros 117 científicos alemanes, para instalarlos en los laboratorios de Fort Bliss, en Texas.

Un portavoz de la NASA (para la que trabajó desde los años sesenta) anunció su muerte en el Marshall Space Flight Center de Huntsville, Alabama, donde Dannenberg conoció a von Braun cuando éste desistió de su proyecto para un motor de cohetes propio a favor de un modelo desarrollado por Walter Riedel para la North American Aviation.

Dannenberg había sido el lugarteniente de Riedel en el Centro de Investigación y Desarrollo alemán en Peenemünde, como responsable de los trabajos para poner a punto los misiles V-2 que, lanzados a la estratosfera con mil libras de explosivos, se derramaban masivamente sobre sus blancos urbanos. Solo en Londres causaron casi tres mil muertos. Entre diez y veinte mil rusos, polacos y judíos murieron trabajando como esclavos en esas fábricas subterráneas de la última cohetería alemana, en las que Wernher von Braun cubrió un puesto de oficial comisionado de las SS, según se supo en 1992.

Konrad Dannenberg llegó a Peenemünde en 1940 tras su intervención como oficial de caballería en la Batalla de Francia. Había formado parte en su adolescencia de un grupo de aficionados a los proyectiles y cohetes, estudiantes de la Universidad de Hannover bajo la dirección de Albert Püllenberg. Y fue este maestro, destinado en Peenemünde, quien reclamó la colaboración de su antiguo discípulo.

Terminada la guerra y puesto a salvo en Estados Unidos, Dannenberg dirigió las investigaciones sobre un modelo de cohete lanzado en vertical como prototipo de los sistemas de misiles Redstone y Júpiter. Su trabajo, considerado como excepcional, influyó en los planes de la NASA hasta el punto de poner en sus manos el proyecto Saturno, el cohete de diseño más ambicioso de todos los tiempos, desarrollado en el centro levantado para ese propósito en Huntsville, Alabama, el lugar donde se anunció su muerte.

Von Braun tampoco estuvo lejos de ese proyecto Saturno como aprovechamiento final de los cálculos y experimentos que impulsaron la balística alemana del Tercer Reich. Su elegido, Dannenberg, recibió en 1969 la medalla al Servicio de la NASA cuando su proyectil Saturno V fue capaz de propulsar el Apolo 11 que llevó al primer hombre a la Luna. Luego, pasó a investigar las posibilidades de una red de estaciones espaciales apoyada en el proyecto Saturno, hasta que en 1973 se retiró para trabajar como profesor asociado en el Instituto Espacial de la Universidad de Tennessee, donde una beca que lleva su nombre premia la precocidad en el talento aeroespacial.

El talento al servicio de la guerra puede ser igual de destructivo que constructivo puede serlo al servicio de la tecnología pacífica; pero eso no depende tanto de nosotros mismos como de las circunstancias de la época que nos ha tocado vivir.

TZI

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4 respuestas a KONRAD DANNENBERG

  1. dominique dijo:

    Igual que con W.von Braun, verdad? No todo depende del individuo, hay muchos factores en juego y es tan difícil hacer lo correcto. Siempre me acuerdo de científicos como Nobel, pacifistas pero cuyos descubrimientos también se utilizaron para fines bélicos. No he visto la película “el buen alemán”, no sé porque el tema 2a guerra mundial, Hitler y este terrible episodio histórico me da un enorme malestar.
    Un abrazo.

    • hasenroniz dijo:

      Tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, a muchos nazis los persiguieron y los ajusticiaron, pero a otros se les perdonó la vida porque eran unos genios y podían aportar sus conocimientos a las potencias vencedoras; ¿que hubiéramos elegido nosotros? Y a otros los persiguieron los judíos israelitas por todo el mundo para asesinarlos sin juicio previo. Cada uno que saque sus propias conclusiones.
      Un abrazo

  2. dominique dijo:

    No sé hermano que hubiera hecho yo, la desición de cada un@ en estos casos es demasiado personal y además no me permito el lujo de juzgar ya que no me gusta que me juzguen. Lo que sí es evidente es que “si sirves mis fines puedes vivir, sino…”.
    Tampoco soy partidaria, a pesar de los pesares y de lo que dice la biblía del “ojo por ojo”, la violencia engendra la violencia y la violencia puede llegar a ser un arma mortífera. “Yo soy la justicia” dijó Yaveh pero demasiadas veces tomamos la venganza “justiciera” con nuestra mano sin pensar que nos rebajamos a un nivel terriblemente hondo.
    Abrazos.

    • hasenroniz dijo:

      Efectivamente, yo tampoco sé que hubiera hecho en ese caso, cada caso es diferente, cada persona es diferente… Pero, siempre es muy fácil, desde la distancia, decir que hubiéramos hecho lo correcto, cuando está claro que históricamente tan pocas personas lo han hecho realmente. Así que, como muy bien dices, lo mejor es no juzgar o, al menos, no hacerlo tan alegremente, pues muchas veces nos faltan los detalles, que pueden ser definitivos. El ojo por ojo engendra más violencia y te hace entrar en una espiral de venganza tras venganza de la que es muy difícil salir, como lo demuestran palestinos y judíos cada día, pero si lo dice la Biblia… pues igual habría que cambiarla o dejar de seguirla únicamente en los temas que nos conviene…
      Un abrazo

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