PEQUEÑO VIAJE AL MUNDO MAYA

El mundo maya es desconcertante; especialmente las razones que condujeron al ocaso de un imperio que duró más que los de Roma y Bizancio, creó el más complejo sistema de escritura, fue maestro en matemáticas y astronomía y construyó pirámides colosales en un espacio geográfico que va desde Yucatán a Honduras.

Se ha hablado de terremotos, epidemias, invasiones y guerras civiles. Las teorías se van modificando tras cada nuevo hallazgo. La zona mencionada en el párrafo anterior contiene cerca de mil yacimientos arqueológicos, aunque se cree que puede haber unos diez mil; pero, tan sólo unos 75-80 han sido estudiados.

Hace unos años, cuatro emplazamientos emergieron en medio de la jungla en las montañas del sur de Belice. Dos de estas ciudades permanecían intactas y podían proporcionar abundantes datos sobre el misterioso fenómeno que acabó con los grandes centros urbanos de la época clásica, allá por el año novecientos de nuestra era. Hasta entonces, la maya fue una sociedad fuertemente estratificada, que fomentó la creación de urbes de florecimiento intelectual y artístico como Palenque, Uxmal o Tikal. Posteriormente, el panorama se vuelve bastante confuso, si bien se hacen visibles una serie de migraciones y transformaciones que acaban con los centros de poder, disgregado en una veintena de unidades políticas, entre ellas Uxmal, Kabah, Labná o Chichen Itzá.

Los campesinos indios nunca habitaron aquellas monumentales construcciones de piedra. Vivían en casas de paja fuera de estos centros, a donde acudían en determinadas fechas para participar en las ceremonias.

Parece haber cierto consenso en las últimas teorías: la creencia de que los llamados ‘hombres del maíz’ fueran un pueblo pacífico es hoy un mito. Todo apunta a señalar que fueron las rivalidades y guerras civiles los que transformaron aquellas urbes orgullosas en ciudades fantasmas. La elite gobernante llegó a ser demasiado numerosa como para poder mantener sus privilegios, y esto provocaba intensos enfrentamientos entre los nobles. Parece pues claro que fue la escalada bélica lo que condujo a una extinción comparable a la reciente de Somalia. Se añaden, asimismo, otros factores al colapso, como por ejemplo la explotación y agotamiento del bosque húmedo con todo su ecosistema, del cual dependían los mayas. Prácticamente no quedaba selva y, a pesar de que tenían sofisticados métodos de reserva de agua, el hecho de que estas ciudades dependiesen del caudal acumulado durante meses secos del año los hacía extremadamente vulnerables.

También la superpoblación debió de ser un problema decisivo; según datos reunidos de veinte ciudades, se estima que debía haber una densidad de doscientas personas por kilómetro cuadrado, es decir, casi la cifra del mundo preindustrializado. A todo esto habría que sumar la desintegración de un sistema agrícola totalmente primitivo de tala y quema de bosques (los mayas no conocían el arado), lo cual resulta paradójico en comparación con su progreso en otros campos.

Los primeros españoles llegaron a Yucatán en 1511 por accidente, cuando un barco que se dirigía de Darién, en Panamá, a la isla de Santo Domingo, naufragó cerca de las costas de la península. De los doce hombres que alcanzaron tierra firme, sólo dos, Jerónimo Aguilar y Gonzalo Guerrero, estaban vivos cuando ocho años más tarde llegó Hernán Cortés.

Tras dos expediciones oficiales fallidas, debido a la hostilidad de los indios, el gobernador de Cuba, Diego Velázquez, organizó una tercera al mando de Cortés. Fue el primer blanco que penetró en aquella región ocupada por los mayas. La formidable empresa es uno de los mayores logros de la historia militar. En su marcha a través del territorio, Cortés debió pasar cerca de algunos de los grandes centros, como Palenque o Laguna Perdida. Pero, los intereses del conquistador estaban puestos en el imperio azteca y en la lucha con Velázquez por la jurisdicción sobre Nueva España.

Así pues, Yucatán se mantuvo aislada de la corriente conquistadora hasta que, en 1526, Francisco de Montejo obtuvo un permiso para ocupar la península. Con los militares llegaron los franciscanos para cumplir la promesa de la Corona al Papa Alejandro VI de convertir a los salvajes al cristianismo. Sólo quedaba un grupo aislado, la poderosa nación itzá, que mantuvo su independencia en Tayasal, una península del lago Petén.

Cuando llegaron los españoles, el esplendor político maya había desaparecido y el territorio estaba dominado por varias familias de caciques. Ciento setenta años después de la llegada de Cortés, los franciscanos querían convertir al cristianismo a los habitantes de la hostil provincia de Itzá, y tuvieron que reducirlos por la fuerza militar. En 1697, Martín de Ursúa, gobernador de Yucatán, tras una aplastante victoria, entró en la ciudad de Tayasal y arrasó veintiún templos e infinidad de ídolos y altares, en una batida que duró desde las nueve de la mañana hasta las cinco de la tarde. Y así, quedó sometida a la Corona de España la última entidad política maya.

Una de las manifestaciones de la religión maya que menos comprendían los españoles y que produjo de los mayores enfrentamientos, fue la práctica de sacrificios humanos, algo común a todos los pueblos de Mesoamérica. Con la llegada de las tribus guerreras, se acrecentó en formas variadas, como la extracción del corazón, la muerte por asaetamiento, decapitación, desuello o despeñamiento, según el mito que se quisiera reproducir. También existían las penitencias físicas y autosacrificios, practicado principalmente por nobles y sacerdotes. Antes de cualquier celebración religiosa o campaña bélica, éstos habían de someterse a ayunos, abstinencia sexual y terribles mortificaciones como perforaciones en las orejas, el pene o la lengua con agujas de obsidiana. La sangre purificadora empapaba la tela colocada en una corteza que luego se quemaba. Los alucinógenos creaban visiones místicas en el humo de esta sangre.

Los mayas eran aficionados a la música, la danza y las escenificaciones; los deportes, en particular el juego de pelota, eran también parte fundamental de casi todas sus celebraciones, ya fueran ceremonias de iniciación, confesión, matrimonio, entronización de gobernantes o plegarias a los dioses.

Hoy día se estiman aproximadamente en dos millones los descendientes de los mayas (el grupo más directo son los ‘lacandones’, de claro parecido físico con las figuras de los monumentos), esparcidos entre México, Guatemala, Honduras y Belice, y que hablan un idioma derivado del tronco lingüístico clásico. Las costumbres, rituales, vestido y adornos recuerdan mucho a los de épocas lejanas, pero su vida dista mucho de la gloria del pasado.

Si a un turista, extasiado ante las ruinas mayas, se le ocurriese preguntar: “¿A dónde irían los hombres que construyeron estos impresionantes monumentos?”; la guía le respondería: “Estamos aquí, señor, nunca nos hemos ido”.

TZI

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6 respuestas a PEQUEÑO VIAJE AL MUNDO MAYA

  1. En esta Navidad hay dos luces que marcan el camino. Una es la Estrella de Belén, la de todos los años. La otra es el Maestro Hasenroniz.

  2. Divertido eso. Es un tipo de acceso que habilita el señor Equis, y cuatro matados se hacen con tecnología que por si solos, jamás hubieran desarrollado.

    Acto seguido las ciudades y pirámides. Devastación de lo demás. Abuso de las fuentes naturales. Y – last no least – los sacrificios humanos. Yo le añadiría los sacrificios de todos los seres vivos.

    Da igual en que époco o con que tipo de imperio nos movemos. Es una y otra vez la repetición de un proceso. Quien no lo quiera ver se cambie su cerebro por una cena en el Ritz, porque más ciego no se puede estar.

    Es un mecanismo, ya haya o no un señor Equis. Es claramente visible. Millones de científicos lo tendrían que haber visto ya, y tendrían que haber apuntado todos juntos en esa dirección.

    No lo han hecho.

    Parece que no hay cojones en este planeta. Los cojones de mostrarle la espalda a la simulación, a la repetición y generar impulsos creativos totalmente distintos. Es más fácil mirar al cielo y repetir lo que dijo el profesor en astronomía, que preguntarse que cojones está haciendo esa constelación con esa figura que no puede haber salido de ninguna explosión, implosión o proceso de libre albedrio. Pero no hay cojones de asustarse de lo poco o nada que sabemos, pánico al constatar que en realidad no queremos saber.

    Será que no quieren, porque a mi me fascina como se pulveriza la simulación sólo con un poquito de entrenamiento. Ahora por ejemplo, cuando veo a mis colegas en sombrasbaul tirados en el suelo, exhaustos, sin capacidad de articular una sola palabra coherente. Inmersos en las primeras fases de vivir SIN la simulación, reconociéndola en cada acto. No pueden moverse, es normal. Se moverán en cuanto hayan vencido repetir un solo movimiento. Y eso viene pronto, cuestión de días o semanas.

    No sé si vamos a llegar a algo y me importa un rabano. Lo que sé es que esa gente ha pasado por un curso acelerado de negación total, y son ahora líderes de sus propias vidas. Estarán balbuceando, pero eso no es un problema, sino la dificultad de hablar un idioma siempre cambiante.

    Estoy orgulloso de todas esas per sonnare. Tienen muchos huevos. Serán unos flipados para la mayoría quien pueda llegar a conocerles, pero para mi representan el germen de un modo sorprendente de acabar con esas repeticiones de una puñetera vez.

    Que a gusto me he quedado. Gracias Has!

    Abrazos, espirales…

    Miguel

  3. lalunagatuna dijo:

    Siempre en tu linea. Super interesante. Una cosa me llama la atención: ¡qué manía autolesionarse en nombre de una religión, no me cabe en la cabeza!
    Abrazos.

    • ¿Has visto la celebración de la Ashura Chiita? Incluso en España han salido flagelándose. Pero tenían prohibido mostrar sangre en público…eso sí, en casa de cada uno…..

      • Mhhmm… que viciosillos! Eso me recuerda a lo de Blue Beam al descubierto, que divertido fue darnos cuenta para que coño sirve eso de flagelarse. Que listos son esos guarrinos, jajaja.

        No van a flipar ni ná.

  4. Dominique dijo:

    Se dice que “sarna con gusto no pica” pero me gustaría ver la cara del “dios” en el nombre del cual se hacen polvo las carnes, seguro que les toma por masokas pasados de rosca.
    Puedo amar a mi Dios pero pupa no…

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