EL ISLAM EN CHINA

En la República Popular China se profesan varias religiones, sobre todo las de mayor peso en el mundo, esto es, budismo, islamismo y cristianismo.

Las nacionalidades hui, uigur, kirguiz, tártara, uzbeka, dongxiang, salar y nonan profesan el islamismo. Las dos primeras son las dos etnias más importantes, formadas por siete millones la hui y seis millones la uigur.

Como todas las minorías étnicas, poseen costumbres y formas particulares de alimentación, vestimenta, matrimonio y funeral, así como fiestas y diversiones. Los musulmanes chinos mantienen la costumbre de no comer carne de cerdo, ellos se lo pierden.

El islamismo llegó a China a mediados del siglo VII y fueron principalmente los comerciantes árabes y persas quienes, durante las dinastías Tang y Song, extendieron el Islam por todo el país. Construyeron muchas mezquitas para difundir el islamismo, como las de Guangta y Quingjing, en Guangzhou y Quanzhou, que se conservan hasta hoy.

Los musulmanes chinos se distribuyen especialmente en la región noroeste; únicamente los de la etnia hui habitan en todas las zonas del país, sin aglomerarse.

Xinjiang es una región multirracial del noroeste de China, donde hay 13 millones de habitantes de 46 etnias diferentes, principalmente uigures. Esta región autónoma tiene muchas mezquitas majestuosas, por ejemplo la de Aitgar de hace 550 años, que ocupa una superficie de una hectárea y tiene cabida para 6 o 7 mil fieles, incluso hasta 20 mil.

Respecto a las creencias religiosas, la práctica fundamental a largo plazo que aplica el Gobierno Popular es la libertad de fe. La creencia religiosa de los ciudadanos chinos está garantizada por la ley estatal. Desde hace más de 20 años, superadas las influencias de la ideología de “izquierda”, se ha aplicado con mayor efectividad la política de libertad religiosa y los musulmanes gozan de plenos derechos al respecto. Un creciente número de musulmanes va en peregrinación a la Meca cada año, muchos de ellos ayudados por la Asociación Islámica de China.

En Pekín, el islamismo también es importante y sus mezquitas constituyen una parte fundamental de su patrimonio. La mezquita Dogsi ocupa una superficie de más de tres mil metros cuadrados y en sus 1.000 años de vida ha sido reconstruida varias veces. Dongsi es el centro musulman de Pekín.

Otro centro activo de la comunidad mahometana de Pekín es la mezquita Niujie, construida durante el reinado del emperador Zhen Zong de la Dinastía Song (988-1022). Fue ampliada 300 años después por la Dinastía Ming y consagrada como uno de los cuatro grandes templos oficiales de Pekín. Durante el reinado de Kang Xi (1662-1723), de la Dinastía Qing, fue de nuevo ampliada, alcanzando las dimensiones actuales.

En un momento en que asistimos al desencanto generalizado de las religiones, el Islam parece mantenerse e incluso potenciarse, manifestándose como una eclosión de fuerzas que surge aquí y allá, en oposición tanto a algunas formas de gobierno como a las más sólidas estructuras político-sociales de Occidente. Pese a su enorme importancia histórica y actual, el Islam constituye una de las mayores incomprensiones del mundo occidental.

En realidad, nadie sabe a ciencia cierta la cantidad exacta de musulmanes que hay en China. En un censo realizado durante el régimen nacionalista se declaró oficialmente la cifra de 50 millones, mientras que pocos años más tarde, en 1953, un censo realizado por el Gobierno Popular dio la cifra de 10 millones. Actualmente, se considera que hay unos 13 millones de musulmanes en China.

El término ‘hui’ significa precisamente musulmán, en chino. Los comunistas han dado a este término una connotación etnológica, denominando así a la minoría musulmana en general, independientemente de su origen: afgano, árabe, turco, iraní… Los uigur, por su parte, son en su mayoría de origen turco.

Los musulmanes que penetran en tierras de Asia, no solamente difunden el mensaje del islamismo, sin o que ponen en práctica el conocido dicho del Profeta: “Buscad la ciencia hasta en la China”. Así, aprenden la técnica china de la fabricación del papel y la transmiten a su paso por otros pueblos, revolucionando el mundo de la difusión cultural y científica.

Al-Andalus será pionera en Europa en la ténica del papel, y la ciudad de Valencia albergaría la primera fábrica de papel de Occidente.

Los musulmanes también aprenden en China la elaboración de la pólvora y de la seda, y es nuevamente a través de Al-Andalus que se extienden por Europa estos grandes descubrimientos.

La compleja civilización china y la fuerza de la cultura confuciana tienen tendencia a asimilar los elementos extraños, distorsionando a menudo su carácter. Sin embargo, el Islam en China ha quedado inmune a este hecho y ha conseguido salvaguardar su dignidad en un entorno tan extraño culturalmente como hostil.

La etapa más difícil para desta minoría fue la de la revuelta del siglo XIX. Es la época de la decadencia de los emperadores manchúes; primero en 1818 y más tarde, entre 1834 y 1840, estallan las más sangrientas rebeliones de los musulmanes, sofocadas con la máxima dureza por parte de las autoridades imperiales y concluidas con la muerte de varios millones de personas. A partir de esta fecha se prohíbe a las minorías islámicas vivir dentro de los muros de la ciudad o ejercer el comercio; pero, esta brutal represión solo consigue reforzar la unidad entre ellos en torno a sus costumbres y rituales.

En el mismo siglo, surge un movimiento místico ritualista, de carácter herético, que viene a agravar todavía más la situación, al producir divisiones internas y luchas en el seno de la propia comunidad islámica. Esto da lugar a nuevos desórdenes sociales que conducen a la consecuente represión por parte del Gobierno chino y a la imposición de una serie de normas restrictivas: se prohíbe el peregrinaje a La Meca, construir nuevas mezquitas, la conversión de no-musulmanes, etc.

En 1953 se crea una gran Asociación Islámica Nacional, con una función eminentemente religiosa, pero también para mantener cierta influencia y un control oficial sobre la población musulmana. El Gobierno chino establece en aquella época una clara política de acercamiento al resto de los países de Asia Central y de Oriente, en su mayoría musulmanes. Y favorece numerosos contactos con Egipto, Siria, Pakistán, Jordania, Libia, etc., y para asegurarse su confianza, declara su apoyo a la causa palestina. Puede que la llamada “primavera árabe” actual no sea más que el intento de Occidente (fundamentalmente EE.UU.) de romper esas buenas relaciones entre China y los países musulmanes de Oriente Próximo y el norte de África.

Pero, unos años después de la creación de la Asociación Islámica Nacional, al producirse un recrudecimiento de la doctrina marxista-leninista, las reivindicaciones de las minorías encuentran menos respuesta en China. Se crea un movimiento de migraciones, repoblando con chinos de puro origen, o Han, las zonas de minoría musulmana, ricas en materia prima. Estas migraciones colonizadoras se hacen constantes a partir de entonces, produciendo grandes tensiones entre dos poblaciones, los Hui (minorías musulmanas) y los Han (chinos de puro origen), cuya religión, costumbres, nivel cultural e idioma son totalmente distintos.

La política establecida por el Gobierno chino hacia las minorías étnicas, es la misma para musulmanes que para mongoles, tibetanos, chuang, miao u otros grupos. Sin embargo, se puede decir, por diferentes razones, que el Islam se ha visto en parte favorecido por el Gobierno. Entre estas razones, quizás la más importante la constituye el temor a su tendencia a sublevarse y a declarar la guerra santa (Jihad) hacia los enemigos, así como sus contactos y el apoyo con que cuentan por parte de otras comunidades islámicas internacionales.

La situación de los budistas o los cristianos no parece preocupar tanto al régimen popular. Un musulmán puede, si lo desea, pertenecer al Partido Comunista; en cambio, un lamaísta o un cristiano, no.

Los Hui (musulmanes chinos) son muy estrictos en el cumplimiento de las normas islámicas: exigen tener sus propias tabernas, exentas de alcohol y en cada poblado, por pequeño que sea, sus propias mezquitas, estando garantizada, además, la enseñanza del árabe.

Sorprende la pureza y la homogeneidad de sus ritos, como seguidores de la escuela teológica Hannafi, sin duda más estricta que la Maliki, propia de los países del Magreb y de los musulmanes de Al-Andalus, durante la Edad Media. El mantener la pureza de sus tradiciones no está exento de dificultades en un país donde la base ganadera es la cría del cerdo y el buey está prohibido como alimento. Tal y como aconsejaba el Profeta Mahoma, todos los musulmanes chinos tienen dos nombres: uno chino y otro árabe.

Es sintomático el hecho de que el Islam, conocido en China durante trece siglos como “La religión pura y verdadera”, ha acabado reducida a la transcripción I-SSU-LAN, es decir, Islam, sin más contenido. De este modo, el Islam aparece como una religión ajena por completo a la historia y la idiosincrasia china, y el problema real de los musulmanes chinos: la integración en el medio que les rodea, sigue sin resolverse.

TZI

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5 respuestas a EL ISLAM EN CHINA

  1. Dominique dijo:

    Muy interesante, gracias. Yo pensaba en vista de lo que pasa en el Tibet que la religión bajo cualquier nombre estaba prohibida en China por su ideología comunista pero veo que iba equivocada. Gracias por habérmelo enseñado.
    Abrazos.

    • hasenroniz dijo:

      Un placer. Todo está muy manipulado y de entrada hay que mirarlo desde la postura más crítica posible, sin dar nada por hecho, y menos si nos lo dicen los medios oficiales.
      Un abrazo.

  2. melarrakis dijo:

    A mi lo que me choca es que muchas de estas etnias que pululan por el sur de la antigua URSS y el Noroeste de China, son de etnia asiática pero de habla turcómana, indoeuropea. Y a pesar de haber convivido pared con pared durante siglos asiáticos con indoeuropeos, no se mezclaron racialmente pero sí lingüisticamente en algunos casos. Raro, raro, raro.

  3. Cristina dijo:

    Gracias por todos los paisajes que nos muestras y las reflexiones que a través de ellos obtenemos.
    Un placer leerte y aprender, amigo

    Besabrazos de felices días y noches de aprendizaje

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