P.G.E.

¡Tranquilos! Este escueto título que se me ha ocurrido casi sin querer, no hace referencia al Presupuesto General del Estado, ¡qué coñazo!, sino a la Primera Guerra Espacial.

Según un politólogo, que suelen estar muy bien informados, llamado George Friedman, la Primera Guerra Espacial dará comienzo el Día de Acción de Gracias del año 2050, tras varios años previos de incubación. Lo describe en su libro ‘Los próximos cien años’, donde se recrea con predicciones del gusto de los estadounidenses (los militares americanos funcionan mucho por medio de escenarios predictivos a la hora de organizar sus planificaciones a corto, medio y largo plazo).

Los atacantes en esa guerra serán dos potencias regionales con amplios intereses territoriales: Japón, cada vez más implantada en toda Asia, y Turquía, potencia emergente a la puerta de tres continentes.El detonante será el hartazgo de estos países ante la limitación de su potencial de expansión económica por la diplomacia de la potencia dominante, es decir, Estados Unidos.

Ahora bien, como no podrán invadir el territorio norteamericano, fuertemente defendido, atacarán su infraestructura en el espacio, donde tendrán la mayor parte de sus dispositivos de comunicaciones, así como de sus efectivos militares.

Según Friedman, los americanos tendrán tres estaciones espaciales militares (Estrellas de Batalla) orbitando alrededor de la Tierra y vigilando todos los puntos estratégicos. Desde allí, controlarán los satélites de comunicación, los de navegación y los de reconocimiento, que estarán a su vez defendidos por satélites militares auxiliares.

También dirigirán desde las estaciones espaciales a la principal fuerza militar, compuesta por aviones hipersónicos no tripulados. Ya existen, de hecho, aviones robor precursores, como el Predator B estadounidense, que mueven miles de millones de dólares, o el reciente Taranis (dios celta del trueno) británico, que puede ser manejado a distancia desde cualquier punto del globo y está equipado con un sistema automatizado que le permite defenderse por sí solo de los ataques enemigos.

El ataque turco-japonés contra las estaciones espaciales se realizará desde las bases civiles y militares que Japón tendrá en la Luna, y será el Día de Acción de Gracias para aprovechar la relajación estadounidense en su jornada festiva.

Ante esta predicción tan dramática para los intereses norteamericanos, había que debilitar a los japoneses, y qué mejor que por medio de una catástrofe ¿natural?, como el tsunami del pasado año, que destruyó la central nuclear de Fukushima. El aviso ha surtido efecto: acaban de apagar en Japón todas sus centrales nucleares, un montón (50 o 60), que proporcionaban un buen porcentaje de la energía que consume el país. Lo que no acabo de entender es cómo han conseguido sustituir toda esa energía que producían con las nucleares… ¿o es que quizás las utilizaban para otra cosa y por eso EE.UU. decidió atacar Fukushima?

Desde luego, se me ocurren unas cosas que me están dando ganas de meterme politólogo…

TZI

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