TRANSGÉNICOS

Tema complicado éste de los cultivos de organismos transgénicos. La cuestión es que, a pesar de la oposición de diversos movimientos (por ejemplo, los ecologistas melenudos que se oponen a todo lo que huele a progreso), los transgénicos se están imponiendo poco a poco y silenciosamente.

España es ya el país de la Unión Europea que más hectáreas dedica al maíz transgénico (casi 100.000). En Navarra, supone un tercio de todo el cultivo de maíz, pero no es la comunidad autónoma que más superficie emplea en este cultivo, ya que es superada claramente por Aragón, Andalucía, Cataluña, Extremadura…

Podemos decir, por tanto, que hemos perdido la batalla contra los transgénicos y que multinacionales como la malvada Monsanto se están apoderando del lucrativo mercado de los alimentos a escala mundial.

Como digo, el tema es complicado porque es muy difícil convencer de que algo que no se ve pueda ser malo para la salud. Aunque lo lógico sería convencer de que una modificación genética de este tipo no es perjudicial para la salud, algo que todavía está por llevarse a cabo, si bien hay evidencias de que se ha intentado, pero no interesa que se sepan los resultados ya que no son precisamente favorecedores.

Veamos lo que decía hace unos años el doctor Pustzai: “Mi primera sorpresa fue cuando analizamos la composición química de las patatas transgénicas. En primer lugar, constatamos que no eran equivalentes a las patatas convencionales. Y, a continuación, que no eran equivalentes entre ellas, porque de un linaje a otro la cantidad de lecitina expresada podía variar un 20%. Es la primera vez que tuve dudas sobre el hecho de que la manipulación genética pueda ser considerada una tecnología, porque para un científico clásico como yo el principio mismo de la tecnología significa que si un proceso produce un efecto, este efecto debe ser estrictamente el mismo si se repite el mismo proceso en condiciones idénticas. En esto, la técnica era aparentemente muy imprecisa, porque no engendraba el mismo efecto”.

A continuación explicaba el doctor Pustzai lo siguiente: “…lo cierto es que las patatas transgénicas provocaban unos efectos inesperados en los organismos de las ratas. De entrada, las ratas de los grupos experimentales presentaban unos cerebros, hígados y testículos menos desarrollados que las del grupo control, así como unos tejidos atrofiados, sobre todo en el páncreas y el intestino. Por otra parte constatamos una proliferación de las células en el estómago, y esto es inquietante, porque puede facilitar el desarrollo de tumores causados por productos químicos. Por último, el sistema inmunitario del estómago estaba sobrecalentado, lo que indicaba que los organismos de las ratas trataban a estas patatas como cuerpos extraños”.

Para mí, todo esto es suficiente. Normalmente, cuando ensayan un nuevo medicamento para humanos en ratas u otros animales, y se constata un mínimo efecto beneficioso, no pierden ni un minuto en probarlo en humanos (a veces sin informar al usuario), para empezar cuanto antes a ganar muchos miles de millones. Ahora bien, cuando el resultado de los ensayos es negativo, lo silencian inmediatamente o dicen que hay que seguir investigando para poder sacar conclusiones definitivas. ¡Qué listos!

Es decir, no se ha probado, ni se probará nunca, que los transgénicos pueden ser perjudiciales para la salud. A ver quién es el listo que consigue demostrar que el cáncer de estómago que padeces es consecuencia de haber comido patatas transgénicas, y más teniendo el comodín de la predisposición genética de las personas a padecer cualquier tipo de enfermedad.

Qué risa, son mis genes quienes me provocan las enfermedades y no los genes de lo que ingiero diariamente. O sea, que es nuestra genética la que se degrada y no la de los alimentos modificados (recordemos que se modifican únicamente para que resistan a las plagas y el rendimiento de las cosechas sea mayor, y no para mejorar sus características organolépticas).

¿Y qué provoca que nuestra genética se esté degradando de esta manera? ¿La simple evolución o, una vez más, la contaminación ambiental de todo tipo de productos químicos, incluidos los organismos genéticamente modificados? No hay por dónde cogerlo. Vayamos por donde vayamos e intentemos la explicación que queramos, siempre llegaremos a las mismas conclusiones: la avaricia de las grandes multinacionales (evidentemente, de sus dirigentes y accionistas) es lo que está provocando el aumento de enfermedades mortales, con sus tratamientos farmacológicos inútiles. ¡Negocio redondo!

El que pueda, que se compre o alquile una parcela para cultivar sus propias hortalizas de forma ecológica, y el que no, pues a esperar que no le toque…

TZI

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