VACUNAS Y MORTALIDAD INFANTIL

Recientemente, se ha publicado un estudio que relaciona un mayor número de vacunaciones con un aumento en la mortalidad infantil.

En el estudio se tuvieron en cuenta 30 de los países más desarrollados y se dividieron en cinco grupos, según el número de vacunas que reciben los bebés en sus primeros meses de vida:

Grupo 1: Suecia (12 dosis), Japón (12), Islandia (12), Noruega (12), Dinamarca (12) y Finalndia (13).

Grupo 2: Malta (15), Eslovenia (15), Corea del Sur (15), Singapur (17) y Nueva Zelanda (17).

Grupo 3: Alemania (18), Suiza (18), Israel (18), Italia (18), Francia (19), República Checa (19), Bélgica (19) y Reino Unido (19).

Grupo 4: España (20), Portugal (21), Luxemburgo (22), Cuba (22), Austria (23), Irlanda (23) y Grecia (23).

Grupo 5: Países Bajos (24), Canadá (24), Australia (24) y Estados Unidos (26).

El número de dosis de cada país se relacionó con la tasa de mortalidad infantil correspondiente. El resultado fue que, con un 0,0009% de probabilidad de que sea debido a la casualidad, “las naciones que requieren un mayor número de dosis de vacunas para sus bebés tienden a tener una mayor tasa de mortalidad infantil (niños menores de un año)”.

Por ejemplo, Estados Unidos, con 26 dosis vacunales, tiene la mayor tasa de mortalidad infantil de esta lista de 30 países desarrollados: 6,22. Seguido de Cuba, con una tasa de 5,82 y 22 dosis vacunales durante el primer año.

En cambio, los países con menores tasas de mortalidad en el primer año son los que menos dosis de vacunas exigen, como Japón, con 12 dosis y 2,79 de TMI y Suecia, también con 12 dosis y tan sólo 2,75 de TMI.

Por si a alguien le interesa, España ocupa el puesto decimotercero de este terrorífico ranking, con 20 dosis vacunales y una tasa de mortalidad infantil de 4,21.

Los requistos más importantes para la salud de los bebés son obvios: agua potable, una nutrición adecuada, buenos servicios de saneamiento y un mejor acceso a la atención sanitaria, con lo cual no se entienden las razones por las que los países subdesarrollados se empeñan más en derrochar en vacunas que en mejorar estos aspectos basicos, a no ser, claro está, el enorme negocio que suponen las vacunas…

En el estudio también se significa una de las razones de por qué no se relaciona la mortalidad infantil con la vacunación: “…Esas naciones deberían prestar más atención a las tablas de mortalidad de sus bebés para determinar si algunas muertes están posiblemente relacionadas con las vacunas aunque se las reclasifique bajo otras causas. Porque a pesar de que el aumento de la mortalidad infantil parece asociarse a las vacunas los médicos que certifican esas muertes tienden a clasificar erróneamente la causa como neumonía”.

También concluye el estudio que “es esencial una inspección más cercana de las correlaciones (toxicidad bioquímica o sinérgica) entre las dosis de vacunas y las tasas de mortalidad infantil. Todos los países (ricos y pobres, desarrollados y en desarrollo) tienen la obligación de determinar si sus programas de vacunación están logrando los objetivos deseados”. Tan obvio como nada tenido en cuenta.

Tenemos un diferencial con los países de menor TMI, como Suecia o Japón, de más o menos un punto y medio. Seguramente, nuestros médicos-pediatras nos dirán que nuestro sistema sanitario no tiene nada que envidiar al suyo, así que parece una perogrullada que todo ese diferencial sea debido a los efectos de las vacunas en los bebés. O quizá es que nuestros médicos sean muy malos con respecto a los suecos… ¡je!, pillados por los huevos.

Bueno, no quiero aburriros más, ya que estaréis más que hartos de haber escuchado referencias de este estudio en todas las cadenas de TV y radio y haberla leído en todos los diarios y revistas periódicas de actualidad, ya que, como todo el mundo sabe, lo que prima es la información veraz y contrastada para que todo el mundo pueda ser libre de elegir con total libertad.

Yo, lo que auguro es un aumento de las vacunaciones, tanto infantiles como, sobre todo, en los adultos para aumentar los parcos beneficios de las multinacionales farmacéuticas y de todos los que les siguen el juego, un juego detestable que supone la muerte de muchas personas inocentes, en este caso de muchos niños cada año, y eso que somos la cumbre de la evolución animal; más bien, con la aparición del ser humano sobre la faz de la Tierra comenzó la ‘involución’, que puede ser más catastrófica que la caída de un gran meteorito.

TZI

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